La liberación animal, 30 años después

Crítica al utilitarismo que ha puesto de moda Peter Singer

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NUEVA YORK, 31 mayo 2003 (ZENIT.org).- Este año se cumple el trigésimo aniversario de un ensayo del moralista Peter Singer en el que lanzaba la frase «liberación animal». El artículo de Singer en el New York Review of Books sobre cómo debería tratarse a los animales marcó el principio de una controversia que continúa incluso hoy en día, observaba un comentario del Boston Globe el 18 de mayo.



Una organización británica, Compassion in World Farming, defendía recientemente que los animales «muestran con frecuencia signos de moralidad que se asemejan al comportamiento humano», informaba la BBC el 9 de mayo. El 20 de mayo, la BBC informaba de un estudio publicado en el U. S. Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias, que afirma que los chimpancés están tan relacionados con los humanos que deberían considerarse propiamente como miembros de la familia humana. Científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad estatal de Wayne en Detroit, Michigan, examinaron los genes clave de los humanos y de algunas especies de simios y encontraron que son un 99,4% iguales a los de los chimpancés.

Para conmemorar el aniversario de este original ensayo, Singer publicó un artículo el 15 de mayo en la New York Review of Books, valorando el concepto de liberación animal y algunas reacciones a sus puntos de vista. Recordaba que en su original ensayo, «defendí que, a pesar de las obvias diferencias entre humanos y animales no humanos, compartimos con ellos una capacidad de sufrir, y esto significa que ellos, como nosotros, tienen intereses».

En consecuencia, continuaba, si ignoramos estos intereses, cometemos el mismo error que aquellos que son culpables de racismo o discriminación por razones de sexo, un crimen que se puede etiquetar como «especiecismo».

Treinta años después Singer observa que el concepto de derechos de los animales goza de creciente apoyo que la bibliografía de escritos sobre el tema alcanza probablemente el millar de referencias. De cara a los críticos, Singer se declara a sí mismo escéptico ante los intentos de probar que los humanos tienen alguna clase de especial significación moral.

La oposición de Singer al especiecismo, explica, se basa «no sobre derechos, sino sobre la idea de que una diferencia de especies no es éticamente defendible como base para dar menos consideración a los intereses de los seres que sienten de la que damos a intereses similares de un miembro de nuestra propia especie».
Falacias

Una de las más recientes críticas a los puntos de vista de Singer ha sido la colección de ensayos editada por Gordon Preece, aparecida en el 2002, «Rethinking Peter Singer: A Christian Critique» (Reconsiderando a Peter Singer: una Crítica Cristiana). Los artículos están escritos por cuatro compañeros australianos de Singer, todos miembros del Ridley College, una institución evangélico anglicana independiente.

Preece identifica algunos problemas en los argumentos de Singer. Primero, son «moralmente impensables». Aceptar la posición de Singer de que sería lícito éticamente matar a seres humanos recién nacidos en las primeras semanas de vida, o practicar la bestialidad, es una forma de utilitarismo universal que va contra nuestra conciencia y nuestro sentido de la humanidad.

Segundo, el utilitarismo sufre un notable colapso cuando toca el caso de su propia madre, muerta en el año 2000 después de sufrir de Alzheimer, observa Preece. En un ensayo escrito en aquella época, Singer admitía que su madre era un miembro de la Sociedad para la Eutanasia Voluntaria y que no era mentalmente consciente. Sin embargo, afirmaba que él no estaba preparado para dar el paso de terminar con su vida.

Tercero, los escritos de Singer exhiben una notable contradicción, dice Preece. Por un lado proclama el utilitarismo, pero también admite que es legítimo que las personas den una consideración especial a sus familias y familiares. Esta división, según Preece, refleja un problema básico en la teoría utilitaria, que implica una fractura entre un concepto de utilidad universal y nuestras obligaciones y motivaciones personales, intuitivas, morales.

Cuarto, el utilitarismo de Singer sostiene que la importancia moral de una criatura reside en su capacidad de sufrir. Con todo –discute Preece- «todas las criaturas y sus fines, especialmente los humanos, no pueden reducirse a meras máquinas de placer-dolor».

El ensayo de Andrew Sloane también examina los problemas de una teoría ética utilitaria. Un cálculo puramente consecuencialista y utilitario roba a nuestras vidas todo significado último, defiende. Sloane apunta que una consecuencia de una teoría de este tipo conduce a Singer a justificar el infanticidio.

Singer aboga por la legitimidad de matar a niños recién nacidos que sufren de problemas tales como el síndrome de Down. Singer sostiene que matar está mal sólo cuando la víctima es una persona humana, y para ser una persona «una entidad debe ser racional, autoconsciente, enterada de su propia existencia en el tiempo, capaz de comunicarse, etc...».

¿Un Génesis de especies egoístas?
La contribución de Graham Cole al libro analiza el tema de la visión del cristianismo que tiene Singer. Éste no sólo se declara no creyente, sino que también acusa al cristianismo de ser culpable de la explotación de los animales. Las objeciones de Singer comienzan con el relato de la creación del Génesis, que ve como es una «especie egoísta» y que justifica la dominación de los animales. También pone objeciones al envío de los demonios a una piara de cerdos por parte de Jesús, haciéndoles ahogarse, y su maldición a una higuera.

Pero Cole sostiene que Singer malinterpreta la creación narrada en el Génesis, ignorando a conveniencia cómo Dios instala a Adán como cuidador del Paraíso, de manera que implica una administración que tiene que ver con la responsabilidad por los animales, y no sólo con la mera explotación. Y aunque Jesús enseña que las personas importan más que los animales o la propiedad, no enseña que los animales carezcan de valor.

El ensayo de Lindsay Wilson continúa con el tema de cómo la Biblia trata a los animales y presenta un detallado análisis de la teología bíblica sobre los animales. Hace notar que los movimientos para el bienestar de los animales del siglo XIX eran en gran parte cristianos, precediendo en un siglo o más a la tendencia secular por los derechos de los animales.

Wilson observa que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento tienen una visión positiva de los animales, y hacen notar nuestra responsabilidad humana de cuidarlos. Jesús asume que los seres humanos deben cuidar a los animales, incluso en sábado– Mateo 12:11 –sin embargo considera que los seres humanos son más valiosos que las criaturas –Lucas 12:7.

En términos de la diferencia entre animales y humanos, Wilson defiende que nadie ha establecido ni es evidente en sí que el criterio para juzgar el significado moral sea la capacidad de sufrir o experimentar felicidad. Los seres humanos, observa, son vistos normalmente como seres moralmente responsables de una forma que los animales no lo son.

Como explica el Catecismo de la Iglesia católica, Nos. 2415-18, los animales están «por naturaleza destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura». Sin embargo, añade: «El dominio del hombre sobre lo inanimado y sobre otros seres vivos concedido por el Creador no es absoluto, se encuentra limitado por la preocupación por la calidad de vida del prójimo, incluyendo a las generaciones venideras; lo que requiere un respeto religioso por la integridad de la creación».

Así, resulta legítimo usa los animales para alimento y abrigo. Y también es aceptable llevar a cabo experimentos médicos y científicos con los animales, cuando se llevan a cabo «dentro de límites razonables y contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas». Al mismo tiempo, debemos desarrollar una «administración» de los animales y no causarles ni sufrimientos ni muertes indebidas. Esta responsabilidad por los animales no se debe a que tengan derechos intrínsecos, sino porque «es contrario a la dignidad humana causar a los animales sufrimiento o muerte innecesarios».

Una teología bíblica de los animales sólidamente fundada no sólo los protege de crueldades indebidas, sino también evita perder de vista la dignidad humana.