La libertad religiosa da a los laicos el derecho de influenciar la sociedad civil

Presentado en el Agustinianum de Roma el libro del cardenal Martínez Sistach

Roma, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 915 hits

“Cristianos en la sociedad del diálogo y de la convivencia” este es el título del libro que fue presentado este jueves en el Agustinianum de Roma, que compila una serie de artículos del cardenal español Lluís Martínez Sistach.

Han intervenido en la presentación el cardenal Agostino Vallini, vicario de la diócesis de Roma, el profesor Vicente Cárcel Ortí; el sacerdote y periodista Antonio Pelayo; y el director del Instituto Cervantes de Roma, Sergio Rodríguez, moderado por Marta Lago, jefe de redacción en español de L'Osservatore Romano.

“He aceptado con gusto la invitación del cardenal Sistach sobre todo por una cuestión de afecto” indicó el cardenal Vallini, recordando la cercanía durante el Concilio Vaticano II y cuando eran estudiantes.

Calificó el libro, editado por la Librería Editorial Vaticana, de 'interesante', pues si bien contiene diversos discursos, de un pastor que profundiza las relaciones entre la Iglesia y el Estado, en ellos hay un “hilo conductor” sobre “la necesidad de la convivencia en un mundo plural” y en los que se aborda “la presencia evangelizadora de los cristianos en un mundo globalizado y multicultural; el vivir al fe en la ciudad; y el Concilio Vaticano y el diálogo con los pobres. Todos estos temas ya tratados por el magisterio de la Iglesia son traducido en un lenguaje accesible”.

Los laicos y la formación, aseveró Vallini, “es un tema del que se habla con pasión, que levanta el problema de quién es el laico y su rol”. Un concepto en teoría conocido, partiendo de la Lumen Gentium 31 y la Gaudium et Spes, “el problema verdadero es el laico en acción, el operativo, el laico consciente de su misión”.

Y aquí viene el tema de la necesidad de la formación de los laicos, indicó. “Hoy existen presencias laicales, maduras, empeñadas en la vida social y política”. Reconoció entretanto que”la Iglesia debe aún hacer un esfuerzo para darle una formación no solamente genérica, sino también específica”. Y añadió: “Incluso que sea operativo en las fronteras más delicadas y más difíciles”, pienso por ejemplo a la relaciones con la vida política. “En estas cuestiones encuentro como pastor un vacío formativo”. Sobre el tema, concluyó, “las reflexiones de este libro pueden ser de gran ayuda”.

La presencia pública de la Iglesia en la sociedad y el derecho de informar a la sociedad civil inspirándola en los principios de la fe.

Antes de entender las relaciones entre Iglesia y Estado hay que comprender las existentes entre religión y sociedad, dijo. Un derecho que se funda en que el hombre naturalmente tiene una dimensión social y religioso. Rechazó por ello “las lecturas reduccionistas que marginan la responsabilidad y la presencia del laico en la sociedad” y “que consideran la esfera cristiana como un ámbito no pertinente a la vida de la sociedad”.

“Aquí viene llamado en causa, y el cardenal lo hace, el derecho a la libertad religiosa”. Reivindicó la valencia del documento conciliar Dignitatis humanae, “un texto lamentablemente poco conocido”. Y precisó: “Todos hablamos de libertad religiosa, pero habría que partir de la reformulación del concepto, del de tolerancia al de derecho”.

Y puntualizó que “muchas veces se indica que la libertar religiosa es la libertad de culto, como actividad privada y a veces se acepta también el reconocimiento de la libertad de asociación en materia religiosa, pero a veces está el obstáculo de considerar que no es derecho de la libertad religiosa el informar a la sociedad civil, inspirándola en los principios de la fe. Este concepto merece ser profundizado y asimilado aún por los laicos”. Y recordó que el derecho a la libertad religiosa llega después de la Declaración de los Derechos Universales del Hombre, que el cardenal Sistach cita en su libro.

Otro tema es el de la laicidad del Estado, y el autor distingue entre la laicidad del Estado y sociedad laica. Recuerda que el Estado, organización jurídico política está al servicio de los ciudadanos, y como “en una sociedad plural y hoy también multiétnica y multirreligiosa”, el Estado “se vuelve incompetente para emitir juicios de valor en materia religiosa”.

Y precisó que “un Estado laico da espacio a las expresiones de la vida social, según también los diversos credos religiosos, salvo el límite del orden público”. En cambio “la sociedad laica es la que pretende negar el permiso religioso, y el derecho de vivir según su propia fe”. Problema que sucede también en los países musulmanes “en los cuales no solamente no existe la libertad religiosa, pero ni siquiera el concepto de reciprocidad”.

El cardenal español, indicó Vallini, “enfrenta este tema cuando afirma que la Iglesia no pretende imponer a otros la propia verdad. La importancia social y pública de la fe cristiana tiene que evitar la pretensión de una hegemonía cultural que se tendría si se reconociera que la verdad se propone pero no se impone”. Reafirmar estos conceptos “es importante y le agradecemos al cardenal haberlo hecho”, dijo.

Tratando del tema de la laicidad hay que insistir en dos aspectos fundamentales: la asunción crítica de la modernidad por parte de los cristianos, dando atención al nexo verdad libertad. Y la modernidad que es concebida muchas veces como laica, que se equivoca a considerar la religión como un nexo privado.

El cardenal Vallini llamó la atención también sobre el tema abordado por el purpurado español, acerca de “la función nutritiva de la Iglesia en la sociedad”, puesto que “las sociedades que corren el riesgo de vaciarse éticamente”, necesitan “una irrigación espiritual de sus ciudadanos”.