La libertad religiosa exige reciprocidad en los Estados, advierte monseñor Tomasi

En su intervención en la primera sesión del Consejo de la ONU para los Derechos Humanos

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GINEBRA, viernes, 14 julio 2006 (ZENIT.org).- Se necesita reciprocidad entre los Estados para prevenir y solucionar situaciones que evidencian lesiones a la libertad religiosa, advierte el arzobispo Silvano Tomasi.



Observador permanente de la Santa Sede ante las Oficinas de la ONU en Ginebra, el prelado intervino el pasado 29 de junio en la primera sesión (segunda parte) del nuevo Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (Zenit, 20 junio 2006).

Entre los puntos de su intervención dedicó particular atención al «papel público de las religiones», subrayando previamente ante el nuevo Consejo que «el respeto de la dignidad humana –“que da igual valor a los individuos (nacidos o concebidos)”-- es la base común y el componente necesario sobre el que la familia humana puede fundar» la promoción eficaz «de los derechos humanos», y de éstos «todos deben ser promovidos o protegidos».

Y aunque de hecho «la religión frecuentemente es considerada como un factor de división y de tensiones sociales», es «la manipulación y la difamación de la religión» lo que amenaza «la dignidad humana, los derechos, la paz y la seguridad», recalcó.

La religión, «como muestra la historia, ha difundido valores positivos y ha revelado la dignidad de los seres humanos y de la creación» y «contribuye al desarrollo», aclaró el arzobispo Tomasi.

Según el «Derecho Internacional» (y «la razón y el sentido común») «el derecho a la libertad de religión o de credo debe ser equilibrado, pero jamás negado en nombre de otros derechos y libertades fundamentales, incluida la libertad de expresión, que no es absoluta ni incluye el derecho a ofender», precisó.

Y es que --recordó-- «todos los derechos humanos y las libertades fundamentales deberían ejercerse con responsabilidad y respeto hacia los demás».

Aparte de que «la libertad de religión» «debe ser contada entre las más altas expresiones de l espíritu humano», la legislación internacional la recoge entre los derechos humanos, subrayó.

Pero actualmente «la comunidad internacional enfrenta una difundida intolerancia religiosa y violencia contra los individuos y las comunidades de credos religiosos diferentes, cuyos derechos fundamentales son violados de maneras más o menos sofisticadas», hizo hincapié el prelado ante los Estados miembros del nuevo Consejo de la ONU.

Y ejemplificó: «Los creyentes son encarcelados o asesinados por su práctica o elección de una religión, los lugares de culto son confiscados o destruidos, los cementerios profanados, las religiones ridiculizadas o estereotipadas por los medios».

Igualmente «algunos sistemas legales y jurídicos» «aún no han desarrollado mecanismos adecuados para proteger a las minorías religiosas y a sus miembros», añadió.

«Una determinada voluntad política y la cooperación entre los Estados, en un espíritu de respeto mutuo y reciprocidad, son necesarias para prevenir y resolver tales situaciones», alertó.

En este contexto, para el arzobispo Tomasi el Consejo de los Derechos Humanos «representa una nueva oportunidad para los Estados y las Instituciones Internacionales de revisar sus políticas en materia de derechos humanos y comprometerse conjuntamente en su implementación junto a la sociedad civil, las Organizaciones No Gubernamentales» y «los defensores de los derechos humanos», entre otros.

Así «las expectativas de millones de víctimas de discriminaciones y violaciones diarias de los derechos humanos más elementales no quedarán defraudadas», concluyó.