La libertad religiosa, garantía para la paz; afirma la Santa Sede

Dijo monseñor Frontiero, de Justicia y Paz

| 1572 hits

ROMA, viernes, 19 octubre 2007 (ZENIT.org).- La libertad religiosa, la tolerancia y la no discriminación son elementos clave para construir un nuevo futuro para la humanidad.



Es el mensaje lanzado por monseñor Anthony Frontiero, funcionario del Consejo Pontificio Consejo Justicia y Paz, en su intervención en la reunión anual de puesta en marcha de los compromisos asumidos en materia de derechos humanos, en la que participaron los 56 estados que participan en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

Monseñor Frontiero representó a la Santa Sede durante el evento, en Varsovia, del 24 de septiembre al 5 de octubre pasado.

En su intervención del 25 de septiembre, sobre el tema de la tolerancia y no discriminación, recordó que la Santa Sede da la bienvenida a la nueva página web sobre las discriminaciones contra los cristianos, que la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos de la OSCE ha inscrito recientemente en el Sistema de Información sobre Tolerancia y No Discriminación (TANDIS).

El representante vaticano aseguró que la Santa Sede «hará lo que le corresponde» «por seguir y actualizar este nuevo e importante recurso en la lucha contra la discriminación de los cristianos».

En este sentido, exhortó a la OSCE a seguir expresando su preocupación por la cuestión «de modo claro y concreto, también controlando y aportando datos sobre casos de discriminación e intolerancia contra los cristianos y promoviendo futuros foros para afrontar el problema entre los estados», miembros del organismo.

La delegación vaticana está preocupada por las violaciones flagrantes y demasiado frecuentes de la libertad de religión en la región de la OSCE, reveló monseñor Frontiero.

A pesar de las decisiones adoptadas por quienes participan en asegurar y promover la libertad del individuo de profesar y practicar una religión o un credo, solo o en comunión con otros, mediante leyes, normativas, prácticas y políticas transparentes y no discriminatorias, «la realización de este compromiso no se ha visto todavía», denunció.

Entre los ejemplos recientes de violaciones que recordó, están «la inaceptable intolerancia demostrada en un país de la OSCE, en el que hace algunos meses tres cristianos fueron brutalmente asesinados; la condena y, en muchos casos el arresto, de personas de minorías religiosas “no autorizadas”, por “actividades religiosas ilegales”, porque los creyentes rezan o van a la iglesia; restricciones a la libertad religiosa, introducidas por el estado, incluidas las de actividad misionera».

Episodios como éstos, sostiene, amenazan con «desmantelar los progresos realizados hasta ahora en la promoción de la tolerancia y la no discriminación».

Monseñor Frontiero declaró que «a pesar de la existencia de diferencias entre las diversas culturas, algo que no puede admitirse es el cultivo de semillas de hostilidad y violencia contra otros seres humanos».

Dado que muchos en la actual sociedad niegan la existencia de una naturaleza humana específica, «hace falta claridad al respecto, para que una visión débil de la persona no abra la puerta a imposiciones autoritarias, dejando a la gente indefensa y objetivo fácil de opresión y violencia».

«Una verdadera comunidad humana en la que la gente pueda convivir en paz y seguridad presupone respeto a los derechos humanos». Si estos se basan en un falso concepto de persona, añadió, no pueden promover y salvaguardar una sociedad construida en el respeto y la comprensión recíprocos.

Por este motivo, «la verdad objetiva sobre la dignidad de la persona humana, creada por Dios, y los derechos y los consiguientes deberes y responsabilidades que se derivan de esta dignidad, deben ser la base de toda auténtica discusión sobre cualquier cuestión que afronta la familia humana».

«Sin una clara y fuerte conciencia de quiénes somos como personas, será cada vez más fácil afirmar que algunas personas son dignas de respeto y otras no; algunas tienen el derecho a la vida, a la libertad, al credo religioso y otras no».

La dignidad de la persona y la naturaleza de la búsqueda de Dios, afirmó monseñor Frontiero en su intervención de 26 de septiembre, exigen que «todas las personas sean libres de cualquier constricción en el campo de la religión».

La Santa Sede sostiene que «el derecho a la libertad religiosa debería formar parte del ordenamiento jurídico y ser reconocido como derecho civil».

Las principales religiones del mundo, incluido el cristianismo, «están promoviendo la paz y la justicia como dimensiones esenciales de su compromiso religioso», recordó.

Hombres y mujeres comprometidos en estas realidades «reconocen un vínculo intrínseco entre su fe religiosa y la activa preocupación por el bienestar de la sociedad», prueba de tener «en el horizonte una solidaridad universal».

«La religión seguirá sirviendo como parte significativa, sustancial y positiva en la búsqueda de un nuevo futuro --concluyó--. Al servicio de la paz, de los derechos humanos y de la justicia social, será eficaz en tanto que acoja la inspiración del Espíritu Santo a ser fiel a sus valores más profundos».