La llamada de dos hermanos gemelos a la vocación sacerdotal

Entrevista a los sacerdotes Robert y Leszek Kruczek

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CRACOVIA, miércoles 17 de febrero de 2009 (ZENIT.org) Desde los comienzos del cristianismo, Jesús ha llamado a varios hermanos a que se consagren a Él. Tal es el caso de los apóstoles Pedro y Andrés, o Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo.

En el siglo XX y XXI el Señor sigue escogiendo a hermanos a que ambos vivan la vocación sacerdotal. También está el caso del mismo Papa Benedicto XVI y su hermano, el padre Georg.

De la misma manera, los gemelos polacos Robert y Leszek Kruczek, sintieron la llamada a consagrarse como sacerdotes en la orden salesiana. ZENIT habló con ellos, los cuales prefirieron responder en su lengua materna. La traducción al italiano es del sacerdote salesiano Tadeusz Rozmus.

En mayo cumplirán 38 años, nacieron en la localidad de Bielsko – Biała, una ciudad ubicada al pie de los Montes Cárpatos, muy cerca de la frontera con la República Checa y con Eslovaquia.

Escuchar la llamada

Desde muy pequeños la vocación de ambos despertó cuando servían en iglesia como monaguillos y descubrían su sensibilidad hacia la liturgia.

Crecieron en un hogar en el que siempre cultivaban los valores religiosos “es decir, la participación en la Misa dominical, la oración en común, el gran respeto por los dones de Dios, especialmente por el pan”, dice el padre Leszek.

No obstante, este discernimiento no fue fácil. Para la mentalidad del ambiente de la Polonia de los años 70 e inicios de los 80, el sacerdocio estaba reservado a personas elegidas de modo particular “por ello no valía la pena preocuparse o pensar en la vocación” testimonia el padre Robert.

“Servimos como monaguillos sólo durante dos semanas, debido a la atmósfera poco propicia de ese entonces para quienes servían en el altar”, recuerda el padre Leszek.

Sin embargo, ambos admiten que pese a cualquier dificultad “si alguien tiene la vocación y quiere obedecer a la voluntad de Dios, tarde o temprano llega el momento de decidir y de no tener en cuenta los proyectos ni los temores sino la respuesta al Señor con un sí o con un no”.

Así, durante unos ejercicios espirituales de Cuaresma, cada hermano confesó al otro la llamada que descubría dentro de sí.

Vocación a salesianos

Y fue en una escuela de la Congregación Salesiana en la pequeña población de Oświęcim, en el sur de Polonia donde ambos tomaron la decisión definitiva de seguir la vida sacerdotal.

“Conocimos el carisma de Don Bosco y esto sinceramente influyó en nuestra vocación”, dice Robert.

Y se refieren al fundador de los salesianos como “un hombre práctico y dotado no sólo intelectualmente sino también manualmente”.

“Utilizó sus capacidades para enseñar a los jóvenes un oficio necesario”, dice Leszek. “Para poder instruirlos, él mismo debería poseer las capacidades de zapatero, de sastre, de carpintero o encuadernador” afirma Robert.

Así los hermanos concluyen que San Juan Bosco es para ellos un modelo “de dedicar totalmente todas nuestras aptitudes y fuerzas a favor de los jóvenes”.

Pintar y esculpir para Dios

Hoy, ambos viven en Cracovia. El padre Leszek trabaja en la parroquia de san Stanislao de Kostka y es el ecónomo de la comunidad y el administrador de la casa.

El padre Robert por su parte es el capellán de una comunidad religiosa y también el ecónomo – administrador de la casa inspectorial.

Estos gemelos no sólo comparten la vocación al sacerdocio sino el talento artístico para la pintura y la escultura. Ambos gestionan un laboratorio de artes plásticas llamado SalARt.

Tienen igualmente un laboratorio para jóvenes y adultos donde enseñan a hacer iconos, pintura a caballete y pequeñas esculturas.

Para ambos el mejor modelo de sacerdote y artista es el beato Fray Angelico “cuyas obras son un ejemplo significativo de la contemplación estética, que te lleva a las alturas de la fe”, dice el padre Leszek.

“La vida y las obras de Fray Angélico demuestran que no sólo se pueden conciliar estos dos servicios – el arte y el sacerdocio – sino que se pueden también santificar tomando el mismo camino. Aquí la gracia del sacerdocio puede ser muy fructífera”, dice Robert.

Y como buenos polacos, el testimonio de Juan Pablo II es fundamental para su vocación: “La primera vez que vimos al cardenal Karol Wojtyla teníamos cinco años, cuando bendijo la primera piedra de la nueva iglesia del pueblo donde nacimos”, recuerda el padre Leszek.

Los gemelos tenían seis años cuando Wojtyla fue elegido Papa. “Fue así el papa de nuestra infancia, de la juventud, de los años del seminario y de cuatro años de nuestra vida sacerdotal”, señala el padre Robert.

Leszek y Robert son pues dos hermanos enamorados de su vocación la cual ven como “una bellísima aventura, exigente pero que da una inmensa satisfacción”.

Como hermanos ambos se apoyan y acompañan en este camino. “El sacerdote es sólo un hombre que debe combatir con los propios defectos y con las propias imperfecciones, pero que en colaboración con la Divina Providencia, es capaz de cumplir con las obligaciones que el Señor les ha confiado”, dicen los hermanos.

Por Carmen Elena Villa