La 'Luz de la Fe' indispensable para una sociedad con justicia y paz

Cardenal Ouellet: Una cierta teología de la liberación de orientación marxista encuentra respuesta en la encíclica

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1176 hits

La encíclica Lumen Fidei, presentada hoy en la Sala de Prensa del Vaticano permitió a los periodistas realizar algunas preguntas. Una de ellas se refirió a la teología de la liberación, tan en boga en años pasados en América Latina y en un contexto muy diverso del actual.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller; respondiendo a las preguntas se refirió en dos oportunidades al tema sobre la teología de la liberación.

“No tenemos nada que ver con esa falsa antropología” sino “con la doctrina social, con una modificada teología de la liberación, con el bien común" dijo.  Y precisó La teología

la iglesia es instrumento para el tercer mundo pero tiene una dimensión universal, del evangelio para los pobres y para todos los hombres”. Y concluyó: “Necesitamos una verdadera teología de la libertad y de la liberación pero afuera y lejana del marxismo. No tenemos nada que ver con esta falsa antropología”.

Y en otra oportunidad de la conferencia de prensa durante las respuestas añadió: “Juan Pablo II indicó que la teología auténtica está afuera del marxismo” y reiteró: “no tenemos nada que ver con esta falsa antropología”.

Acabada la presentación, ZENIT le preguntó al cardenal Ouellet, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, sobre la teología de la liberación.

“Esta encíclica nos muestra – indicó Ouellet-- como la fe que es un don de Dios está hecha para ser compartida en la sociedad, construyendo justicia y paz en la misma”. Y precisó que “la importancia y la pertinencia social de la fe está muy bien desarrollada en esta encíclica” motivo por el cual “es una respuesta a las dificultad y a los errores de una cierta teología de la liberación de orientación marxista”.

Consideró además que “el punto principal de esta encíclica, para mi es el testimonio de comunión entre los dos papa, entre lo esencial de la fe y el estilo simple y catequético adapto a todo el pueblo de Dios y a un pueblo amplio”.

(ver video Card. Ouellet)

En las palabras de presentación de la encíclica el cardenal canadiense en indicó que la misma “habla de la fe como de una experiencia de comunión, de dilatación del yo y de solidaridad en el camino de la Iglesia con Cristo para la salvación de la humanidad. Objetivamente, la luz de la fe orienta el sentido de la vida, ayuda y consuela a los corazones inquietos y abandonados, pero compromete también a los creyentes para que se pongan al servicio del bien común de la humanidad a través del anuncio y la división auténtica de la gracia recibida de Dios”.

Y añadió: “Subjetivamente la fe es una apertura al Amor de Cristo, un acoger, un entrar en relación que ensancha el yo a la dimensión de un nosotros que no es solamente humano, en la Iglesia, sino que es propiamente divino, esto es, una participación auténtica en el Nosotros del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo”

“A partir de este 'nosotros' trinitario que se prolonga en el 'nosotros' eclesial, la encíclica se enlaza de forma completamente natural con el 'nosotros' de la familia que es el lugar por excelencia de transmisión de la fe”.

“Por otra parte -indicó-- recuerda las profundas afinidades entre la fe y el amor sin fin que se prometen el hombre y la mujer que se unen en matrimonio”.

Asimismo “la encíclica da un notable contribución a la pertinencia de la fe para la vida social, para la construcción de la ciudad en la justicia y en la paz, gracias al respeto de cada persona y de su libertad, gracias a los recursos de la compasión y la reconciliación que ofrece para el consuelo de los sufrimientos y la composición de los conflictos”.

“La tendencia a confinar a la fe en la esfera de la vida privada – prosiguió el purpurado-- se confuta en tonos mesurados, pero de forma decisiva” y “muchos aspectos desarrollados en precedencia por las encíclicas sobre la caridad y la esperanza se completan con esta puesta en luz de la fe como comunión y servicio al bien común”.

Y al terminar sus palabras recordó: “Al concluir, la encíclica contempla a María, la figura por excelencia de la fe, aquella que ha escuchado la Palabra y la ha conservado en su corazón, la que ha seguido a Jesús y se ha dejado transformar”.