¿La mafia tras los ataques contra iglesias en Sicilia?

Seis atentados en algo más de una semana

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ROMA, 31 mayo 2002 (ZENIT.org).- La sombra de la mafia podría estar detrás de los ataques contra seis iglesias de Palermo, la capital de Sicilia, según exponentes católicos.



El último atentado tuvo lugar en la noche entre el miércoles y el jueves contra la iglesia de la Santísima Trinidad, histórica parroquia de la ciudad, a la que habían pertenecido los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borselino, ambos asesinados por la mafia.

El padre Giacomo Ribaudo, el párroco, es conocido por su labor de educación entre los jóvenes y su condena de la «cultura» mafiosa.

Desconocidos entraron por la fuerza en la sacristía y después de haberla puesto patas arriba penetraron en las instalaciones de la asociación parroquial que se dedica a la asistencia de los marginados y pobres de ese barrio del centro histórico. Tan sólo robaron las limosnas que había en la iglesia por un valor de 500 euros (469 dólares).

El ataque, que parece tener un carácter intimidatorio, sucede a cinco atentados de este tipo en algo más de una semana contra las iglesias de la ciudad.

Entre otras, el 28 de mayo, fue atacada la iglesia de la que era párroco el padre Pino Puglisi, sacerdote asesinado por la mafia en 1993, actualmente se en proceso de beatificación.

Se trata de episodios en los que los atacantes se han limitado a robar pequeñas cantidades de dinero y a provocar daños materiales. Por este motivo, la Policía local no excluye ninguna pista: vándalos o ladrones comunes, toxicómanos, o la mafia...

«En la "nueva Palermo" la Iglesia está en el punto de mira --reconoce este viernes un editorial de Avvenire, diario católico italiano--. Es una presencia incómoda y que molesta. Irrita a quien ve en ella un obstáculo para conseguir mano de obra fácil para la actividad criminal».

El sucesor de Puglisi, el padre Mario Golesano, tras comprobar el ataque a su iglesia, afirma: «Una Iglesia que se queda dentro de las sacristías no molesta a nadie. Si el padre Puglisi se hubiera quedado en la sacristía, no habría llamado la atención. La mafia quiere que nos quedemos dentro de la parroquia y que nos dediquemos a "nuestros asuntos"».

El cardenal Salvatore De Giorgi, arzobispo de Palermo, en días pasados, había alertado públicamente ante el peligro de este tipo de ataques contra templos y contra hombres de Iglesia.