La masonería busca en su Conferencia mundial el reconocimiento de la Iglesia

El encuentro fue precedido por una aclaración de la arquidiócesis de Madrid

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MADRID, 24 mayo 2001 (ZENIT.org).- La masonería internacional inició este jueves en Madrid su V Conferencia Mundial con la participación de 80 Grandes Logias regulares procedentes de 85 países de los cinco continentes, según la información facilitada por el Gran Maestro de la Logia de España, Tomás Sarobe.



Segorbe, que aseguró que en España existen unos 3.000 masones agrupados en 120 logias, dejó a entender que el congreso realizado significativamente en un país de mayoría católica pretende promover la aceptación de la Iglesia de esta organización.

En sus encuentro con los periodistas dijo que dentro de la masonería conviven católicos, protestantes, judíos y musulmanes, y que no existen conflictos con ninguna confesión religiosa. Es más, afirmó haber tenido contactos con obispos. No citó nombres propios.

Sin embargo, el semanario «Alfa y Omega» del arzobispado de Madrid, con unos cuatrocientos mil ejemplares vendidos en todo el territorio español, publicó el pasado 26 de abril un artículo de portada en previsión de esta Conferencia en el que ya en el título era muy explícito: «La pertenencia a la masonería cuestiona los fundamentos cristianos».

El artículo recuerda el canon 1374 del Código de Derecho Canónico de la Iglesia, en donde se puede leer: «Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación ha de ser castigado con entredicho».

El Código, aprobado en 1983, supone dos novedades con respecto al Código de 1917: la pena no es automática y no se menciona expresamente a la masonería como asociación que conspire contra la Iglesia.

Previendo posibles confusiones, un día antes de que entrara en vigor la nueva ley eclesiástica del año 1983, fue publicada una declaración firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En ella se señala que el criterio de la Iglesia no ha variado en absoluto con respecto a las anteriores declaraciones, y la nominación expresa de la masonería se había omitido por incluirla junto a otras asociaciones.

Se indica, además, que los principios de la masonería siguen siendo incompatibles con la doctrina de la Iglesia, y que los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas no pueden acceder a la sagrada comunión.