La misión -común a todos los fieles- incluye llevar un mensaje de paz, recuerda el Papa

Antes de rezar la oración mariana del Ángelus

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 8 julio 2007 (ZENIT.org).- Ni exclusivo ni excluyente: el papel del misionero es común a todo bautizado, quien debe llevar además a toda situación un mensaje de paz, advierte Benedicto XVI.



En una mañana típicamente veraniega, miles de fieles y peregrinos aplaudieron en la Plaza de San Pedro (en el Vaticano) las palabras del Papa, pronunciadas antes de rezar la oración mariana del Ángelus en su última cita dominical antes de partir de Roma para descansar en los Dolomitas.

El Santo Padre aprovechó su encuentro con los peregrinos para subrayar las claves misioneras, siguiendo el Evangelio de este domingo (Lc 10,1-12.17-20) del envío de setenta y dos discípulos.

Sus páginas muestran que «la misión no está reservada a los doce Apóstoles, sino extendida también a los demás discípulos»; «hay trabajo para todos en el campo de Dios», expresó el Papa.

Y «Cristo no se limita a enviar», sino que «también da a los misioneros claras y precisas reglas de comportamiento», añadió.

Jesús les envía «de dos en dos», cosa que, como señaló el Papa, implica ayuda recíproca y dar testimonio de amor fraterno.

«Les advierte de que serán “como ovejas en medio de lobos” -puntualizó-: así que tendrán que ser pacíficos, a pesar de todo, y llevar a cada situación un mensaje de paz».

Siguiendo las pautas dadas por Jesús, el misionero no llevará consigo «ni vestidos ni dinero, para vivir de lo que la Providencia les ofrezca»; atenderá a los enfermos, «como signo de la misericordia de Dios»; y si no es acogido, al marcharse se limitará «a alertar sobre la responsabilidad de rechazar el Reino de Dios», añadió el Papa.

«Este Evangelio despierta en todos los bautizados la conciencia de ser misioneros de Cristo, llamados a prepararle el camino con las palabras y con el testimonio de la vida», constató Benedicto XVI.

En sus saludos en distintos idiomas, el Papa añadió claves de la misión, e invitó a los peregrinos –en francés- a que, a ejemplo de los Apóstoles Pedro y Pablo, todos los bautizados se consideren como enviados en nombre de Cristo para anunciar su Buena Nueva y dar testimonio a sus contemporáneos.

Igualmente invitó –esta vez en español- a que los días de descanso estival «sean también un momento propicio para alabar a Dios y anunciar su Reino, tal como exhorta el Evangelio de hoy».

Y en inglés, recordando que «la mies es mucha, pero los obreros son pocos», exhortó a rogar al Señor para que «siga bendiciendo su Iglesia con operarios llenos de confianza y generosos».