“La misión de Fátima no ha terminado”, afirma el Papa

Más de medio millón de personas en la Misa Solemne

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FÁTIMA, jueves 13 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- “Se engañaría quien pensase que la misión profética de Fátima haya concluido”, afirmó hoy el Papa, durante la homilía de la Misa Solemne celebrada en la explanada del Santuario de Fátima, junto con más de medio millón de peregrinos, de Portugal y de otras naciones europeas.

La misión de la Iglesia hoy, dijo el Papa, es “mostrar el Amor de Dios” a una humanidad “dispuesta a sacrificar sus vínculos más santos en el altar de estrechos egoísmos de nación, raza, ideología, grupo, individuo”.

“El hombre pudo desencadenar un ciclo de muerte y de terror, pero no consigue interrumpirlo... En la Sagrada Escritura aparece con frecuencia que Dios está a la búsqueda de justos para salvar la ciudad de los hombres, y lo mismo hace aquí, en Fátima”, añadió.

La solemne Eucaristía de hoy, con sol radiante, se celebró en la explanada ante el Santuario, presidida por el Papa y concelebrada por cuatro cardenal , 77 obispos y 1442 sacerdotes. La ceremonia comenzó con la procesión de la imagen de la Virgen de Fátima.

“También yo he venido como peregrino a Fátima, a esta 'casa' que María ha elegido para hablarnos en los tiempos modernos”, afirmó el Papa, “porque hacia este lugar converge hoy la Iglesia peregrina, querida por su Hijo como instrumento suyo de evangelización y sacramento de salvación”.

El Papa insistió en su solicitud por la “humanidad afligida por miserias y sufrimientos”: “estrecho en mi corazón a todos aquellos hijos e hijas suyos, particularmente a cuantos viven en la tribulación o abandonados, con el deseo de transmitirles esa esperanza grande que arde en mi corazón y que aquí, en Fátima, se hace encontrar de manera más palpable”.

“¡Sí! El Señor, nuestra gran esperanza, está con nosotros; en su amor misericordioso, ofrece un futuro a su pueblo: un futuro de comunión con él”, exclamó Benedicto XVI.

El pontífice quiso anticipar la próxima celebración del centenario de las apariciones de la Virgen María a los Pastorcillos, augurando que los siete años que faltan para esa conmemoración “puedan apresurar el preanunciado triunfo del Corazón Inmaculado de María a gloria de la Santísima Trinidad”.

“Dentro de siete años volveréis aquí para celebrar el centenario de la primera visita hecha por la Señora 'venida del Cielo', como Maestra que introduce a los pequeños videntes en el íntimo conocimiento del Amor trinitario y les lleva a saborear a Dios mismo como lo más bello de la existencia humana”.

Esta experiencia hizo a los pastorcillos “enamorados de Dios en Jesús”, una experiencia que “los que no han visto” pueden igualmente experimentar, aseguró.

“Dios puede alcanzarnos, ofreciéndose a nuestra visión interior”, pues Cristo tiene “el poder de inflamar los corazones más fríos y tristes”, ya que “la fe en Dios abre al hombre el horizonte de una esperanza cierta que no decepciona; indica un sólido fundamento sobre el que apoyar, sin miedo, la propia vida; requiere el abandono, lleno de confianza, en las manos del Amor que sostiene el mundo”.

En este sentido, propuso como ejemplo a los Pastorcillos, “que hicieron de su vida una ofrenda a Dios y un compartir con los demás por amor de Dios”.

“La Virgen les ayudó a abrir el corazón a la universalidad del amor”, añadió. “Sólo con este amor de fraternidad y de compartir conseguiremos edificar la civilización del Amor y de la Paz”.