La misión en la era digital, según el portavoz vaticano

Presenta una visión de la comunicación como misión

| 1736 hits

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 31 de enero de 2010 (ZENIT.org).- "¿Es posible encontrar a Dios, su Palabra, en los cruces del intrincado nudo de carreteras que surcan el espacio cibernético?". A esta pregunta el portavoz vaticano responde así: "Ciertamente sí, pero depende también de nosotros".

El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha analizado en el último editorial de "Octava Dies", semanario del Centro Televisivo Vaticano, las condiciones de posibilidad de la evangelización en las nuevas redes digitales, presentando "la comunicación como misión".

Su análisis se basa en el mensaje que Benedicto XVI ha enviado con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2010, en el que constata: "También en el mundo digital, se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual".

El mensaje del Papa, según Lombardi, "es claro y alentador. El creyente que se aventura con entusiasmo y con valor en el mundo de las comunicaciones sociales, siempre en ebullición de novedades tecnológicas sorprendentes, del I-pod al I-phone o al I-pad, debe saber bien cual es el fin que lo guía, para no ser capturado por la fascinación de los medios y perder así su camino".

"Y el fin --aclara-- es el encuentro con Dios, el sentido último de las relaciones de diálogo, amistad e intercambio que la red hace posible hoy".

"Las trampas que constelan las vías del espacio cibernético son innumerables, desde la superficialidad a la falsedad, pasando por la perversión, pero existen también muchos viandantes en búsqueda de la amistad, de lo verdadero y del bien".

El portavoz vaticano recurre a la imagen utilizada por Benedicto XVI, quien en varias ocasiones ha pedido a la Iglesia que vuelva a recrear un "patio de los gentiles", como el que existía en el templo de Jerusalén, abierto también a aquellos para los que Dios es aún desconocido, pero que cultivan el deseo de absoluto y de verdades no caducas.

"Adentrémonos con entusiasmo y creatividad, valor y prudencia, en el continente digital, para descubrir y saber indicar también aquí los signos de la presencia de Dios, de su amor por todos", exhorta el padre Lombardi.