La negación de la Encarnación conduce a la cultura de la muerte

Carta del Papa al general de los dominicos, Radcliffe, con motivo del Capítulo General de la Orden.

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CIUDAD DEL VATICANO, 12 julio 2001 (ZENIT.org).- Con fecha 11 de julio, el Santo Padre ha enviado un mensaje al Maestro General de los dominicos, padre Timothy Radcliffe, con motivo del Capítulo General de la Orden, que se inició en Rhode Island el pasado 10 de julio. El Papa recuerda que se trata del primer capítulo del nuevo milenio para elegir al 85º sucesor de santo Domingo e invoca para los participantes la luz del Espíritu Santo.



Recuerda que una de las primeras tareas asignadas a la Orden fue la proclamación de la verdad de Cristo en respuesta a la herejía albigense, una nueva forma del maniqueísmo recurrente con el que el cristianismo ha tenido que luchar desde sus inicios. En su núcleo está la negación de la encarnación, el rechazo a aceptar que “la Palabra se hizo carne”, indica Juan Pablo II.

El Papa se ha hecho eco de los contenidos que se estudiarán en este capítulo: Predicar la Palabra en un mundo globalizado y la renovación de la vida contemplativa. “La historia de vuestra Orden -afirma Juan Pablo II- indica que el Evangelio será predicado de forma renovada y efectiva, en un mundo que cambia rápidamente, solamente si los cristianos siguen la vía de la contemplación que lleva a una más profunda relación con Cristo”.

La nuestra es una época, indica el Pontífice, en que “en la práctica se niega la Encarnación de muchas maneras, y las consecuencias de esta negación son claras e inquietantes. En primer lugar, la relación de los individuos con Dios se ve como puramente personal y privada, de manera que se aparta a Dios del proceso que gobierna la actividad social, política y económica”.

“Cuando Cristo es excluido o negado, explica Juan Pablo II, nuestra visión del fin del hombre se reduce. Y cuando con conformamos con menos, la esperanza deja camino a la desesperación, la alegría a la depresión. La vida no se valora ni se ama y avanza la cultura de la muerte.”

En tal situación, la Iglesia y el sucesor del apóstol Pedro “mira a la Orden de Predicadores con no menos esperanza y confianza que en la época de vuestra fundación. La necesidad de una nueva evangelización es grande, y es cierto que vuestra Orden, con sus muchas vocaciones y excepcional herencia, debe jugar un papel vital en la misión de la Iglesia para superar las viejas mentiras y proclamar el mensaje de Cristo al alba del nuevo milenio. Cuando estaba muriendo, santo Domingo dijo a sus entristecidos hermanos: No lloréis porque yo seré más útil después de mi muerte, y os ayudaré con más eficacia que durante mi vida. Pido fervientemente que la intercesión de vuestro fundador os fortalezca en la tarea que tenéis entre manos y que la gran multitud de santos dominicos que han adornado a la Orden en el pasado ilumine vuestros pasos en el futuro. Confiando la Orden de Predicadores a Nuestra Señora del Rosario, con mucho gusto, imparto la bendición apostólica a usted, a los miembros del Capítulo y a todos los hermanos, y pido la gracia y la paz de Jesucristo, la imagen del Dios invisible y el primer nacido de toda la creación”.

El texto completo del original del documento en inglés se puede encontrar en el sitio vaticano http://www.vatican.va.