La oración de Jesús, consuelo del creyente ante la muerte de seres queridos, dice el Papa

Al recordar a los cardenales y obispos fallecidos en el último año

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 5 noviembre 2007 (ZENIT.org).- La oración es el consuelo del creyente ante el fallecimiento de los seres queridos, explicó Benedicto XVI este lunes durante la celebración eucarística de sufragio por los cardenales y obispos difuntos en el último año.



«La oración de sufragio de la Iglesia se basa en la oración del mismo Jesús», dijo el Papa en la Basílica de San Pedro del Vaticano: «Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo» (Juan 17, 24)», recordó.

Esta oración del Señor «se amplía a todos los discípulos de todos los tiempos», añadió.

«Poco antes, de hecho, había dicho: “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí” (Juan 17, 20). Y si entonces pedía que «sean uno» «para que el mundo crea» (versículo 21), ahora podemos entender cómo pide al Padre que estén consigo, en la morada de su gloria eterna, todos los discípulos fallecidos en el signo de la fe».

«"Los que tú me has dado": es una bella definición del cristiano como tal, pero obviamente puede aplicarse particularmente a quienes Dios ha escogido entre los fieles para destinarles a seguir más de cerca de su Hijo», reconoció.

El Papa pensaba en los cardenales fallecidos en los últimos doce meses: Salvatore Pappalardo, Frédéric Etsou-Nzabi Bamungwabi, Antonio María Javierre, Angelo Felici, Jean-Marie Lustiger, Edouard Gagnon, Adam Kozlowiecki e Rosalio José Castillo Lara.

«Ahora, al final de su exilio terreno, han llegado a la patria. Siguiendo el camino abierto por su Señor resucitado, han entrado en un templo que no ha sido construido por manos humanas, sino en el mismo cielo», aseguró el obispo de Roma.

«Allí, junto con la bienaventurada Virgen María y con todos los santos, pueden contemplar finalmente, es nuestra oración, el rostro de Dios y cantar eternamente sus alabanzas», concluyó.