La oración y la ciencia son fuerzas convergentes para aliviar el sufrimiento, recuerda el Papa

En su encuentro con la familia espiritual de San Pío de Pietrelcina

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 16 octubre 2006 (ZENIT.org).- Haciéndose eco de las intuiciones que creó San Pío de Pietrelcina, Benedicto XVI recordó el sábado que la oración y la ciencia son dos fuerzas convergentes en el alivio del sufrimiento humano.



El Papa tuvo oportunidad de referirse al franciscano italiano con ocasión «del 50º aniversario de la que constituye -reconoció- una parte considerable e integrante de su obra: la Casa del Alivio del Sufrimiento», uno de los hospitales mayores y más modernos del sur de Italia.

Y lo hizo manteniendo un encuentro, de marcado carácter festivo, a mediodía en la Plaza de San Pedro con los participantes en la peregrinación de las Obras de San Pío de Pietrelcina y de la diócesis italiana de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo, encabezado por el obispo local : 30 mil personas entre los frailes menores [franciscanos] del Santuario y de la provincia, los Grupos de Oración [procedentes de Italia y de otros países] del Padre Pío, directivos, sanitarios y personal de la Casa del Alivio del Sufrimiento.

San Pío de Pietrelcina (1887-1968), de la Orden de los Franciscanos Menores Capuchinos, fue ordenado sacerdote en 1910. En septiembre del mismo año fue enviado al Convento de San Giovanni Rotondo, donde permaneció hasta su muerte. Juan Pablo II, que le conoció personalmente siendo arzobispo de Cracovia, le beatificó en 1999 y le canonizó en 2002.

Cada año más de siete millones de peregrinos visitan San Giovanni Rotondo (en Foggia). Los Grupos de Oración del Padre Pío, más de 3.000 en los cinco continentes, reúnen a millones de personas. Junto a éstos, queda como obra del santo franciscano el importante centro hospitalario en la misma provincia italiana.

«Todos juntos formáis una gran familia espiritual, porque os reconocéis hijos del padre Pío, un hombre sencillo, un “pobre fraile”, como decía él, a quien Dios le confió el mensaje perenne de su Amor crucificado por toda la humanidad», dijo Benedicto XVI a los numerosísimos peregrinos.

Del corazón «ardiente de caridad» del padre Pío surgió «la Casa del Alivio del Sufrimiento», cuyo «nombre ya manifiesta la idea inspiradora de la que surgió y el programa que busca realizar», reconoció el Papa.

«El padre Pío quería llamarla “casa” para que el enfermo, especialmente el pobre, se sintiera en ella a sus anchas, acogido en un clima familiar, y en esta casa pudiera hallar “alivio” a su sufrimiento», «alivio gracias a dos fuerzas convergentes: la oración y la ciencia», prosiguió Benedicto XVI.

En efecto, «la fe en Dios y la investigación científica cooperan en el mismo fin, que se puede expresar de la mejor manera con las palabras del propio Jesús –reconoció-: “Para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10)».

Y es que «Dios es vida, y quiere que el hombre sea curado de todo mal del cuerpo y del espíritu»; es por lo que «Jesús atendió incansablemente a los enfermos, preanunciando con su curación el Reino de Dios ya próximo», recalcó.

A continuación describió la «oración» como el elemento «transversal» de toda la obra del padre Pío.

Es «la fuerza espiritual que mueve todo y orienta todo según el orden de la caridad, que en definitiva es Dios mismo», pues «Dios es amor»; por eso «el binomio fundamental» que quiso reproponer el Papa a los peregrinos fue el «amor de Dios y amor al prójimo, oración y caridad», núcleo de su Encíclica «Deus caritas est» (n. 16-18).

En este sentido «la fiesta de la Casa del Alivio del Sufrimiento es a la vez la fiesta de los Grupos de Oración del padre Pío, o sea, de aquella parte de su obra que “llama” continuamente al corazón de Dios, como un ejército de intercesores y de reparadores, para obtener las gracias necesarias para la Iglesia y el mundo», subrayó.