La paja del pesebre

Columna de orientación catequética a cargo de Rachel Leemos Abdalla

Campinas, (Zenit.org) Rachel Leemos Abdalla | 1848 hits

Los niños no se preocupan por el misterio que existe detrás de la Encarnación de Dios que vino al mundo como un niño. Ellos aún no se lo plantean, por ello es más importante hacerles conocer el modo simple y humilde con el que Dios vino al mundo, de manera que les sirva de ejemplo de cómo deben crecer y vivir.

El Niño Jesús está más próximo de ellos que el Jesús de la Cruz, o el Jesús del desierto, o el Jesús que estuvo con los pescadores. Como niños, se identifican con el Dios que se hizo Niño, Aquel que se presenta acostado en un pesebre cubierto de paja, sobre la cual pueden preguntarse: ¿la paja no va pinchar al Niño?

La paja es el elemento que protege al trigo que servirá para hacer el pan que termina en nuestras mesas como alimento. Sin embargo, esta misma paja que envuelve el trigo durante su desarrollo, es despreciada después que fue separada del grano. Y es esta misma paja, rechazada por los hombres, la que se transforma en la cuna que acoge a Jesús inmediatamente después de su nacimiento, y nos revela una gran enseñanza: Jesús, que fue circundado por paja en el pesebre, así como el trigo en la plantación, se hace nuestro Alimento para la vida eterna.

Los pequeños conocen el pan, que es el alimento de los pobres, hecho de trigo para alimentar el cuerpo; ellos conocen la paja del pesebre y conocen al Niño que nació en la Navidad. Los tres son elementos que remiten a la simplicidad y al ejemplo de la humildad de Dios que se hizo niño entre los hombres.

De acuerdo con la descripción del papa Benedicto XVI sobre el nacimiento de Jesús: ¡Dios se hace pequeño por nosotros![1] Y los pastores verán a un niño pobre y que necesita ayuda, que nació junto a los animales y por eso está acostado en un pesebre, en vez de estar en una cuna. El Niño Jesús es la señal de la sencillez de Dios, con quien aprendemos a vivir y a practicar la humildad que es la esencia del amor. "La Palabra eterna se hizo pequeña, tan pequeña a punto de caber en un pesebre. Se hizo Niño para que la Palabra pueda ser entendida por nosotros. Así, Dios nos enseña a amar los pequeños, a los frágiles y a respetar los niños"[3].

El modo como Jesús viene al mundo tiene un lenguaje que es adecuado a la comprensión de los pequeños porque ellos también son puros y humildes de corazón.

Dios se hace pequeño, frágil, dependiente de su madre para ser alimentado y de su padre para ser protegido y, como Niño, aprende a ser obediente a Dios y a sus padres, y también a ser amable y amoroso con todos.

Que la figura de la paja en el pesebre sea un estímulo para que los padres y los catequistas enseñen a los pequeños que es preciso acoger al prójimo siguiendo la lección de humildad y simplicidad de un Dios que se hizo pequeño para ser recibido por todos.

Traducido del portugués por H. Sergio Mora

Para saber más: www.pequeninosdosenhor.org.