La participación del católico en la vida pública, gran reto en Occidente

La participación del católico en la vida pública, gran reto en Occidente

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MADRID, lunes, 20, noviembre 2006 (ZENIT.org).- Gran reto actual en Occidente es la unidad entre lo que el católico profesa en la vida privada y su actuación en la vida pública.



Así lo afirma Alfredo Dagnino, presidente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP, http://www.acdp.es/) y de la Fundación Universitaria San Pablo-CEU (http://www.ceu.es/)- en esta entrevista concedida a Zenit.

Y ha sido igualmente motivo de reflexión del VIII Congreso Católicos y Vida Pública –organizado por ambas realidades- que ha acogido Madrid (España), en esta ocasión sobre el tema «El desafío de ser hombre».

1.200 congresistas –además de 8.000 conexiones «on line» al congreso-, 64 ponentes y 164 comunicantes se han dado cita en este foro de encuentro (del 17 al 19 de noviembre) que busca promover la participación de los católicos en la vida pública, evitando la ruptura entre las esferas pública y privada, y fomentar la intervención activa y libre de los congresistas en estas citas.

La víspera de la clausura del gran encuentro, Alfredo Dagnino compartió sus impresiones con Zenit.

--¿Cuál es su balance de esta VIII edición del Congreso Católicos y Vida Pública?

--Alfredo Dagnino: Un balance muy positivo. En primer lugar de asistencia; cada vez es creciente, cada año hay más asistentes al congreso y sobre todo, además del número, que puede ser importante, es la calidad humana que se vive en el congreso; creo que a lo largo de estos días podemos ver que realmente este congreso se ha convertido en una familia, y que la gente está esperando esta cita anual; es mucha la gente que viene no sólo de Madrid, sino de muchos lugares de España y que están deseando que se produzca el congreso para poder convivir con sus hermanos de fe durante estos días.

--Estos congresos mantienen vivo el debate de la importancia de la inclusión de la fe en la vida pública. ¿Cuáles son, en su opinión, los desafíos que enfrenta el laico hoy al vivir su dimensión de creyente en la vida pública?

--Alfredo Dagnino: Nosotros intentamos refutar una premisa de la que se parte hoy en nuestra realidad cultural, y es que la fe es una cuestión puramente privada; eso es algo que ha encontrado arraigo en la vida pública no sólo en España, sino en Europa y en Occidente sobre todo.

Discrepamos de que se deba construir la convivencia del hombre al margen de la idea de Dios, al margen de cualquier sentido de la trascendencia y al margen de cualquier referente moral. Nos resistimos a esa perversión de que el hecho religioso, de que la fe, de que la trascendencia es un hecho ajeno a la vida pública. Eso no es así, desde el punto de vista doctrinal, y así lo demuestra el Magisterio de la Iglesia, y no sólo desde el Concilio Vaticano II, sino incluso desde mucho antes: hay documentos de León XIII, y de Pío XII; también por supuesto de Juan Pablo II y de Benedicto XVI que avalan que la fe tiene una dimensión pública, que la fe tiene una dimensión cultural y que los fieles laicos tenemos el compromiso de asumir nuestro testimonio en la vida pública y que sea un testimonio coherente. O sea, lo que no es dable es separar la vida privada, lo que nosotros profesamos en la vida privada, y nuestra actuación en la vida pública, y ése es el gran reto: romper con esa esquizofrenia. El gran reto lo tenemos los católicos en general en Occidente y particularmente en España, pero yo soy optimista, porque creo que se está perdiendo el miedo: primero, a afirmarlo, y segundo a que cada vez más haya diversas formas de participación.

--«El desafío de ser hombre» ha sido el tema de este año. Si se pudiera sintetizar una conclusión en cuanto a los contenidos del Congreso, ¿cuál sería?

--Alfredo Dagnino: Pues que el hombre tiene su dignidad, en cuanto criatura de Dios; y que en cuanto criatura de Dios tiene unos derechos que son naturales, que los tiene por el mero hecho de haber nacido -antes de que se los reconozca el propio hombre o el Estado-, y que de esa dignidad deriva toda una condición de hombre que obliga al hombre y que obliga a los poderes públicos, y que nos obliga a reflexionar mucho sobre lo que es la realidad actual y sobre lo que es el signo de los tiempos: frente a unos tiempos en los que se exalta la libertad sin embargo cada vez más hay formas de esclavitud, nuevas formas de esclavitud, no la esclavitud histórica al uso, sino formas de esclavitud social, psicológica; vivimos en un mundo cada vez más próspero, cada vez con más poder, más bienestar, y sin embargo todavía la humanidad padece miseria, padece hambre, es decir, es un mundo con grandes contrastes. El mensaje que podría dar, en síntesis, es que el hombre que tiene su dignidad en cuanto criatura de Dios, y que eso nos obliga mucho.

--Como nuevo presidente de la Asociación Católica de Propagandistas, ¿podría comentar qué otros campos de compromiso público van a asumir, aparte del educativo?

--Alfredo Dagnino: Ciertamente siempre hemos estado en el campo educativo; es curioso que probablemente nuestras mayores obras son las educativas, pero nuestro origen no es estrictamente ése. La ACdP nace a principios del siglo XX con un objetivo, que es -lo dijo Ángel Herrera Oria [primer president de la ACdP, el purpurado español se encuentra en ptorceso de beatificación. Ndr.]- restaurar las cosas en Cristo en la vida pública, es decir, la cristianización del orden temporal. Y eso Ángel Herrera ya estableció que se tendría que hacer directamente a través de la misión apostólica de la Asociación, pero también a través de obras, y el propio Ángel Herrera decía: obras de especial trascendencia social. Las educativas han formado parte de esas obras; por ejemplo, el CEU [Centro de Estudios Universitarios. Ndr.] se crea en 1933 pero no para formar alumnos, sino para formar profesores, para formar un núcleo de pensamiento católico; ése es el origen de lo que es el CEU en el año 1933. Luego históricamente eso ha germinado en unas obras educativas que ahora florecen, que son muy importantes, que cada vez tienen más presencia pública.

En cualquier caso deseo apuntar que el futuro pasa por preservar la orientación religiosa y espiritual de la Asociación, por fortalecerla y por revitalizarla, en misión apostólica y también a través de obras, no sólo las educativas. También tenemos una misión en la vida pública, auspiciar nuestra misión apostólica a través de otras obras: pienso en publicaciones, en medios de comunicación, en editoriales y pienso en muchas actividades que nos conviertan en un futuro en el centro de la referencia del pensamiento y de la cultura católica.

[La Asociación Católica de Propagandistas fue fundada en España en 1909 por el padre Ángel Ayala SJ. Esta agrupación de laicos católicos se orienta a la propagación de la fe católica y al apostolado, formando e instando a sus miembros a tomar parte activa en la vida pública y a servir de nexo de unión de los católicos. Ndr.].