La «Pasión de Cristo», de Mel Gibson, a examen en el Vaticano

Entrevista exclusiva al padre Di Noia, de la Congregación para la Doctrina de la Fe

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ROMA, 10 diciembre 2003 (ZENIT.org).- Sin violencia gratuita ni rastro de antisemitismo, con «la Pasión de Cristo» Mel Gibson ofrece una producción «de sensibilidad artística y religiosa exquisita», afirma el sacerdote dominico Augustine Di Noia, subsecretario de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe.



Tras una proyección privada de la película el pasado fin de semana en Roma, miembros de la Secretaría de Estado vaticana, del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y de la Congregación para la Doctrina de la Fe --que supervisa las cuestiones doctrinales católicas-- expresaron su unánime aprobación de la versión dirigida por Gibson.

«Todo el que vea esta película, creyente o no, se verá obligado a enfrentarse con el misterio central de la pasión de Cristo, de hecho del mismo cristianismo: Si éste es el remedio, ¿cuál ha sido el mal?», constató el padre Di Noia --entre los espectadores-- en declaraciones exclusivas a ZENIT.

Sin ser un trabajo documental, sino de «imaginación artística», la película de Gibson «es absolutamente fiel al Nuevo Testamento» --confirma el padre Di Noia--: «incorpora elementos de la Pasión de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, manteniéndose fiel a la estructura fundamental común a los cuatro relatos».

Es impactante, en opinión del padre Di Noia, la interpretación de Jim Caviezel y Maia Morgenstern. «Caviezel comunica convincente y eficazmente que Cristo está sufriendo su pasión y muerte por voluntad propia, en obediencia al Padre, para satisfacer la desobediencia del pecado».

La interpretación de María de Maia Morgenstern «es igualmente poderosa», reconoció: «me recuerda algo que San Anselmo dijo en un sermón sobre la Virgen: sin el Hijo de Dios, nada podría existir; sin el Hijo de María, nada podría ser redimido».

La cuestión de la violencia
En opinión del padre Di Noia, la película «no es tan violenta como brutal». «Cristo es tratado brutalmente, sobre todo por los soldados romanos --explica--. Pero no hay violencia gratuita».

Se detecta que «Gibson está claramente influenciado por la representación de los sufrimientos de Cristo en la pintura occidental --continúa el padre Di Noia--. La completa ruina del cuerpo de Cristo --gráficamente manifestada en esta notable película-- debe situarse en este contexto de representación artística».

De hecho, «de una forma absolutamente coherente con la tradición teológica cristiana, Gibson nos presenta dramáticamente al Hijo Encarnado, que es capaz de llevar sobre sí lo que una persona corriente no podría, tanto en términos de tormento físico como mental», asegura.

«Al final, el cuerpo arruinado de Cristo debe contemplarse con los ojos del profeta Isaías, quien describe al Siervo Sufriente tan herido que está irreconocible», es más, «requiere los ojos de la fe ver que la desfiguración del cuerpo de Cristo representa la desfiguración espiritual y el desorden causado por el pecado», apunta el padre Di Noia.

Elementos distintivos y perspectiva eucarística
Para el subsecretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la versión de la Pasión presentada por Mel Gibson presenta al menos tres aspectos originales respecto a otras cintas: uno de ellos «es la representación del demonio», rondando como una constante «presencia amenazadora».

Otro elemento «es la soledad de Cristo: de alguna forma, aún rodeado de multitudes, la cinta muestra que Jesús está realmente sólo soportando este terrible sufrimiento», constata el padre Di Noia.

Finalmente, está la «representación de la Última Cena a través de una serie de escenas retrospectivas intercaladas con la acción de la película».

«Parecidos “flashbacks” en el resto de la pasión y crucifixión nos llevan a la fracción del pan», y la audiencia, «a través de los ojos de Cristo, es testigo de cómo dice “Esto es mi cuerpo” y “Esto es mi sangre”», explica el religioso.

«El significado sacrificial y eucarístico del Calvario está representado a través de estas evocadoras escenas», observa.

«Estamos aquí ante una poderosa sensibilidad católica –reconoce el padre Di Noia--. En su reciente encíclica sobre la Eucaristía, Juan Pablo II dice que Cristo estableció el memorial de su pasión y muerte antes de sufrirla, en anticipación del actual sacrificio de la Cruz».

En la cinta de Gibson, «Cristo “recuerda” la Última Cena incluso mientras actúa el sacrificio del que hace memoria». «Para muchos católicos que vean estas imágenes, la Misa nunca será lo mismo», subraya.

La «culpa» de la «Pasión de Cristo»

¿Se culpa en la película de Gibson a alguien por lo que le ocurre a Cristo? Desde un punto de vista estrictamente dramático, «cada uno de los personajes contribuye de alguna forma al destino de Jesús», explica el padre Di Noia.

«Judas le traiciona, el Sanedrín le acusa, los discípulos le abandonan, Pedro le niega, Herodes juega con Él, Pilatos deja que sea condenado, la multitud se burla de Él, los soldados romanos le azotan y crucifican y el demonio está detrás de toda la acción».

«De todos los personajes de la historia, tal vez sólo María es realmente no culpable. (...) Ninguna persona ni grupo actuando independientemente de los demás es culpable: todos lo son», recalca el dominico.

«Sin embargo --constata--, desde un punto de vista teológico, Mel Gibson ha representado de una manera muy eficaz este elemento crucial en la comprensión cristiana de la pasión y muerte de Cristo».

En efecto, «la narración cuenta cómo los pecados de toda esta gente conspiran para provocar la pasión y muerte de Cristo, y sugiere la verdad fundamental de que todos somos culpables. Sus pecados y nuestros pecados llevan a Cristo a la cruz, y Él los soporta voluntariamente».

De ahí que, según el padre Di Noia, sea siempre «una grave mala interpretación» de la Pasión «intentar asignar la culpa a un personaje o grupo en la historia o, peor, intentar eximirse uno mismo de culpa», porque «si no soy merecedor de culpa, ¿cómo puedo estar entre los que comparten los beneficios de la cruz?».

En este sentido, «no hay absolutamente nada de antisemitismo o antijudaísmo en la película de Mel Gibson», asegura el subsecretario de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe.

«La película ni exagera ni minimiza el papel de las autoridades judías y los procesos legales en la condena de Jesús –explica--, pero precisamente porque presenta una información exhaustiva de lo que podría llamarse “el cálculo de la culpa” en la pasión y muerte de Cristo, la cinta es más probable que sofoque el antisemitismo en los espectadores, no que lo provoque».

Más aún, desde una perspectiva teológica «la película comunica algo que los evangelistas y la Iglesia siempre han visto claro: lo que Cristo experimenta desde Getsemaní al Gólgota, y después, sería completamente ininteligible aislado de la alianza de Dios con Israel», concluye el padre Di Noia.