La pastoral de la salud, caricia de Dios para los enfermos, según el Papa

Palabras a la sesión plenaria del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 22 marzo 2007 (ZENIT.org).- Los agentes sanitarios cristianos deben convertirse en una caricia de Dios para sus hermanos enfermos, considera Benedicto XVI.



Así lo explicó este jueves al recibir en audiencia a los participantes en la sesión plenaria del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, organismo vaticano presidido por el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán.

«Los agentes sanitarios cristianos saben bien que se da un lazo íntimo e indisoluble entre la calidad de su servicio profesional y la virtud de la caridad a la que Cristo les llama: con el buen cumplimiento de su trabajo llevan precisamente a las personas el testimonio del amor de Dios», explicó el Papa.

Por este motivo, el Santo Padre entregó simbólicamente a los participantes en la audiencia, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de los cinco continentes comprometidos en la asistencia a enfermos, su primera encíclica «Dios es amor» («Deus caritas est»).

Este documento programático del actual pontificado, reconoció el Santo Padre, «se aplica de manera particularmente significativa en la atención a los enfermos».

En particular, recordó que la segunda parte de la encíclica presenta «orientaciones pastorales sobre el servicio caritativo de la Iglesia como “comunidad de amor”».

«La salud del ser humano, de todo el ser humano, fue el signo que Cristo eligió para manifestar la cercanía de Dios, su amor misericordioso que cura el espíritu, el alma y el cuerpo», afirmó.

Por eso, dijo, todas las iniciativas de los cristianos en el mundo del dolor y la enfermedad deben tener un punto de referencia: «el seguimiento de Cristo, a quien los Evangelios nos presentan como “médico divino”».

«La pastoral de la salud es un ámbito evangélico por excelencia que recuerda la obra de Jesús, buen samaritano de la humanidad», indicó.

«Cuando pasaba por los pueblos de Palestina anunciando la buena nueva del Reino de Dios, acompañaba siempre la predicación con los signos que cumplía sobre los enfermos, curando a todos los que eran prisioneros de todo tipo de enfermedades y dolencias», recordó.

Por último, el Papa entregó también simbólicamente a los presentes su último documento, la exhortación apostólica postisnodal sobre la Eucaristía, «Sacramento de la caridad».

«La pastoral de la salud puede sacar continuamente fuerza precisamente de la Eucaristía para socorrer eficazmente al ser humano y promoverle, según la dignidad que le es propia», explicó.

«En los hospitales y en las clínicas, la capilla es el corazón palpitante en el que Jesús se ofrece intensamente al Padre celestial por la vida de la humanidad», aseguró.

«La Eucaristía, distribuida con dignidad y con espíritu de oración a los enfermos, es savia vital que les consuela e infunde en su espíritu luz interior para vivir con fe y con esperanza la condición de enfermedad y de sufrimiento», concluyó.