La paz, la familia y el diálogo, grandes temas de este año para Benedicto XVI

El Papa hace un balance de 2006 junto a sus colaboradores

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 22 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó este viernes que la promoción de la paz, de la familia y del diálogo interreligioso han sido tres de los grandes temas que han marcado su ministerio como obispo de Roma en el año 2006.



El pontífice presentó su balance al encontrarse en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano con los cardenales, miembros de la Familia Pontificia y de la Curia Romana, para felicitarles por la Navidad.

El año que termina, constató, «queda en nuestra memoria con la profunda huella de los horrores de la guerra que tuvo lugar en los alrededores de Tierra Santa, así como, en general, del peligro de un enfrentamiento entre culturas y religiones, peligro que amenaza todavía en este momento histórico».

«El problema de las vías para la paz se ha convertido en un desafío de primera importancia para todos los que se preocupan por el ser humano».

Recordando el saludo del ángel a los pastores en la noche de Navidad --«Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace» (Lucas 2,14)--, el obispo de Roma constató el «lazo inseparable entre la relación de los hombres con Dios y su relación mutua».

«La paz en la tierra no puede encontrarse sin la reconciliación con Dios», dijo en el largo discurso pronunciado en italiano.

Desde esta perspectiva, repasó los cuatro viajes apostólicos internacionales que ha realizado en 2006: a Polonia (del 25 al 28 de mayo), a Valencia (del 8 al 9 de julio); a Baviera (del 9 al 14 de septiembre) y a Turquía (del 28 de noviembre al 1 de diciembre).

Tras recordar su visita a tierras polacas, «deber de gratitud» hacia Juan Pablo II, recordó que su viaje a Valencia tuvo por objetivo central el Encuentro Mundial de las Familias con el Papa.

En ese contexto, manifestó su «preocupación por las leyes sobre las parejas de hecho».
«Cuando se crean nuevas formas jurídicas que relativizan el matrimonio, la renuncia al vínculo definitivo obtiene, por decir así, también un sello jurídico».

Al recordar su visita a Munich, Altötting, Ratisbona y Freising, explicó que uno sus temas centrales fue el del diálogo.

Citó el encuentro que mantuvo hace años con el filósofo alemán Jürgen Habermas, quien expresó al entonces cardenal Joseph Ratzinger la necesidad de «pensadores capaces de traducir las convicciones cifradas de la fe cristiana en el lenguaje del mundo secularizado para hacerlas más eficaces de forma nueva».

«Cada vez es más evidente la urgencia que tiene el mundo de un diálogo entre fe y razón», en especial cuando «la capacidad cognoscitiva del ser humano, su dominio sobre la materia gracias a la fuerza del pensamiento, ha conseguido progresos inimaginables», que podrían convertirse «en un peligro que amenaza a la persona y al mundo».

«La ciencia debe acoger, de forma nueva, como un reto y una oportunidad la fe en el Dios, que es en persona la razón creadora del universo», subrayó el Santo Padre explicando su famoso discurso del 12 de septiembre en Ratisbona. «Recíprocamente, esta fe debe reconocer nuevamente su intrínseca vastedad y su carácter racional».

Pasó así a abordar el diálogo entre las religiones, tema decisivo de su visita apostólica a Turquía, que «me ofreció la ocasión de manifestar también públicamente mi respeto por la religión islámica».

«El mundo musulmán se encuentra hoy ante una tarea similar a la impuesta a los cristianos a partir de la Ilustración y que el Concilio Vaticano II, como fruto de una fatigosa búsqueda, tradujo en soluciones concretas para la Iglesia católica», constató

«Por una parte, se trata de contraponerse a la dictadura de la razón positivista que excluye a Dios de la vida de la comunidad y de la vida pública», afirmó.

«Por otra parte, es necesario acoger las conquistas verdaderas de la Ilustración, los derechos del ser humano y especialmente la libertad de la fe y de su ejercicio».

Tras recordar la importancia para tuvo para la promoción del diálogo entre los cristianos su encuentro en Turquía con el patriarca ecuménico Bartolomé I, el pontífice concluyó volviendo a afrontar el desafío de la paz.

«Tenemos que aprender que la paz no puede alcanzarse solamente desde el exterior», afirmó, pues «el intento de establecerla con la violencia, acarrea solo nueva violencia».

«Tenemos que aprender que la paz sólo puede existir si el odio y el egoísmo se superan desde dentro», concluyó.