La paz no se improvisa, exige educación desde la infancia, asegura el Papa

Al saludar a niños y jóvenes de la Acción Católica

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 30 enero 2005 (ZENIT.org).- Juan Pablo II alentó este domingo el esfuerzo por la educación de los niños y jóvenes en la paz pues ésta no se improvisa.



El Papa dejó esta consigna poco antes de que una niña y un niño, Sofía y Víctor, de la Acción Católica lanzaran desde la ventana de su estudio en el Vaticano dos palomas al concluir el mes de enero, que para los pequeños y jóvenes de este movimiento eclesial es el «mes de la paz».

En un primer momento, las palomas no quisieron abandonar los apartamentos papales, por lo que el Santo Padre tuvo que agitar las manos con una divertida sonrisa para obligarles a alzar el vuelo.

Entre los muchachos de la Acción Católica presentes en la plaza de San Pedro se encontraban niños de 23 países en guerra.

Al saludar a los muchachos, congregados como todos los años en el último domingo de enero, con motivo del Ángelus, el obispo de Roma recordó una de las bienaventuranzas que proponía el pasaje evangélico de la liturgia de ese domingo: «Bienaventurados los que trabajan por la paz».

«¡También los pequeños pueden hacerlo! También ellos tienen que entrenarse en el diálogo y aprender a "vencer al mal con el bien"», aseguró citando la propuesta central del mensaje que dirigió este año con motivo de la Jornada Mundial de la Paz.

«Es necesario vencer la injusticia con la justicia, la mentira con la verdad, la venganza con el perdón, el odio con el amor», aclaró hablando con dificultad.

«Este estilo de vida no se improvisa, sino que exige educación desde la infancia --continuó diciendo--. Una educación hecha de sabias enseñanzas y sobre todo de válidos modelos en la familia, en la escuela y en todos los ámbitos de la sociedad».

«Las parroquias, con sus centros de actividades, las asociaciones, los movimientos y los grupos eclesiales deben ser cada vez más lugares privilegiados de esta pedagogía de la paz y del amor, en la que tienen que aprender a vivir juntos», indicó.

El Santo Padre concluyó pidiendo a María, «Reina de la Paz», que «ayude a los jóvenes, que tanto desean la paz, a convertirse en sus valientes y tenaces constructores».

Los niños que habían subido a los apartamentos pontificios para lanzar las palomas y tomaron el micrófono para dirigirse al Santo Padre, para pedirle perdón «si hemos hecho mucho jaleo, pero nuestras ganas de paz son muy grandes».

«Todos juntos queremos decirte: "Eres grande, Juan Pablo"», añadieron provocando un gran aplauso entre los miles de peregrinos presentes.