La pérdida del sentido del pecado ofusca el perdón de Dios, dice el Papa

Pide a los obispos estadounidenses promover el sacramento de la Penitencia

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 14 mayo 2004 (ZENIT.org).- La ofuscación del sentido del pecado ha llevado a la ofuscación del perdón de Dios, constató Juan Pablo II este viernes al recibir a un grupo de obispos de Estados Unidos a quienes pidió promover el sacramento de la Penitencia.



Al dirigirse a los prelados de California, Nevada y Hawai, el Santo Padre consideró que «el valor para afrontar la crisis de la pérdida del sentido del pecado, ante la que alerté a toda la Iglesia al inicio de mi pontificado, debe ser afrontada hoy con particular urgencia».

En el número 18 de la exhortación apostólica «Reconciliatio et Paenitentia» (2 de diciembre de 1984), el obispo de Roma explicaba que «la pérdida del sentido del pecado es una forma o fruto de la negación de Dios: no sólo de la atea, sino además de la secularista».

Al profundizar en este problema con los prelados estadounidenses, el Santo Padre constató una paradoja: «Mientras abundan los efectos del pecado --avaricia, deshonestidad y corrupción, ruptura de relaciones y abuso de personas, pornografía y violencia-- el reconocimiento del pecado personal ha languidecido».

«En su lugar, ha surgido una preocupante cultura de acusación y pleito que habla más de venganza que de justicia y que no reconoce que en todo hombre y mujer hay una herida, que, con la luz de la fe, llamamos pecado original», explicó.

«El pecado forma parte integrante de la verdad sobre la persona humana --indicó--. Reconocerse como pecador es el primer y esencial paso para volver al amor de Dios que sana».

«Ante esta realidad, el deber del obispo de indicar la triste y destructiva presencia del pecado, tanto en los individuos como en las comunidades, constituye de hecho un servicio a la esperanza», consideró Juan Pablo II. «En vez de ser algo negativo, alienta a los creyentes a abandonar el mal y a abrazar la perfección del amor y la plenitud de la vida cristiana».

«¡Proclamemos audazmente que no somos la suma de nuestras debilidades y fracasos! ¡Somos la suma del amor del Padre por nosotros, y podemos transformarnos en imagen de su Hijo», invitó a los obispos estadounidenses.

El pontífice concluyó alentando a los obispos a «promover el sacramento de la Penitencia», «único modo ordinario para que los fieles se reconcilien con Dios y la Iglesia», según recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 1484.

«Si bien no se puede negar que el profundo poder de este sacramento es considerado con frecuencia con indiferencia, es también verdad que los jóvenes testimonian las gracias y los beneficios transformantes que confiere», subrayó.

«Me apelo de nuevo directamente a vosotros y a vuestros sacerdotes: armaros de confianza, creatividad y perseverancia para presentarlo y para invitar a las personas a apreciarlo», exhortó.

«El tiempo dedicado en el confesionario es tiempo dedicado al servicio del patrimonio espiritual de la Iglesia y de la salvación de las almas», concluyó.