La presencia pública del crucifijo a debate

Tras el caso italiano

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ROMA, 15 de noviembre de 2003 (ZENIT.org).- Se ha enfriado la controversia que tuvo lugar en Italia tras la decisión de un juez de ordenar que se retirara el crucifijo de una escuela, tras la intervención de las autoridades más altas del país para garantizar su presencia. A pesar de las apariencias iniciales, el tema no ha implicado un conflicto iglesia-estado ni un choque cristianismo-islam.



Los crucifijos están presentes en las aulas de clase públicas en Italia, y en muchas otros edificios públicos, incluyendo los juzgados. La orden de retirar los crucifijos de las aulas de la guardería y de la escuela elemental de la ciudad de Ofena vino de un juez menor de distrito de Aquila, Mario Montanaro. Siguió a la petición de Adel Smith, presidente de la Unión de Musulmanes de Italia.

Smith, que se ha referido públicamente a los crucifijos como «pequeños cadáveres», es el padre de dos niños que asisten a la escuela. Hace dos años pidió que se retiraran los crucifijos, pero sus esfuerzos no lograron éxito por la fiera oposición de los demás padres.

En su decisión, el juez Montanaro afirmaba que Italia estaba experimentando una transformación cultural y que la Constitución requiere el respeto para los seguidores de otras creencias. Declaró que era «anacrónica» la práctica de mostrar los crucifijos en las aulas de clase.

Pero el experto en derecho constitucional, Augusto Barbera, explicó en una entrevista publicada el 29 de octubre en el diario Corriere della Sera que el juez se equivocó en su dictamen, dado que la ley permite los crucifijos en las aulas de clase. Un decreto del gobierno de 1923, confirmado en 1928, e inalterado por el concordato entre Italia y la Iglesia católica en 1984, contempla los crucifijos en las escuelas italianas. Otro artículo del Corriere apuntaba que la Constitución permite la muestra pública de símbolos que forman parte del patrimonio histórico de la nación.

Al día siguiente, el periódico informaba de que el Consejo de Estado en 1998 había declarado que la ley de 1923 todavía era aplicable y que el crucifijo es un símbolo de la cultura cristiana con valor universal que no daña la libertad religiosa. El Tribunal Constitucional de Italia también declaró en una decisión con fecha del 13 de octubre de 1998, que la exhibición pública del crucifijo no es una violación de la libertad religiosa.

Una voz solitaria
El secretario de las Comunidades Islámicas en Italia, Hmza Roberto Piccardo, negó que Smith estuviera acreditado para presentar una objeción islámica a los símbolos cristianos en los edificios públicos. En una entrevista del 27 de octubre en el periódico La Stampa, Piccardo afirmó que su organización representa a más del 90% de las asociaciones islámicas de Italia – y que no estaban de acuerdo con las acciones de Smith. «Creemos que este ataque a un símbolo religioso es un ataque contra todos los símbolos religiosos italianos», declaró Piccardo.

Los musulmanes de Italia están a favor de un estado secular, explicó Piccardo. Pero añadió es imposible ignorar los sentimientos de la gran mayoría de los ciudadanos. Smith, defendía Piccardo, sólo se representa a sí mismo. En una nota personal, Piccardo afirmó que tiene cinco hijos en edad escolar, y jamás ha tenido problemas con su asistencia a escuelas que exhiben crucifijos.

Incluso Abdulkadir Fadlallah Mamour, un imán polémico por su apoyo declarado a Osama bin Laden, no apoya a Smith, informó el 27 de octubre el Corriere della Sera. De hecho, de las 20 figuras musulmanas entrevistadas por el periódico, ni una sola apoyó que se retiraran los crucifijos.

Ali Abu Shwaima, jefe del Centro Islámico de Milán, comentaba que Smith no se considera parte de la comunidad islámica y no asiste a la mezquita. Shwaima piensa que Smith sólo actúa por la publicidad.

Figuras públicas en defensa
Las críticas a la decisión anticrucifijos del juez han venido de un amplio espectro de autoridades políticas y públicas italianas, observaba el periódico vaticano L’Osservatore en su edición del 27-28 de octubre.

«En mi opinión, el crucifijo en las escuelas ha sido considerado siempre no sólo un signo distintivo de una creencia religiosa particular, sino sobre todo un símbolo de los valores que conforman el fundamento de nuestra identidad», declaró el presidente italiano Carlo Azeglio Ciampi.

El ministro del interior, Giuseppe Pisanu, afirmó que la decisión no sólo le ofendía a él como cristiano, sino también como ciudadano italiano. «El crucifijo no es sólo el símbolo de mi religión, sino también la más alta expresión de los 2000 años de civilización que pertenecen a nuestra identidad como pueblo italiano», afirmó.

El Avvenire, el diario católico nacional de Italia, observaba el 29 de octubre que, con pocas excepciones, el apoyo al crucifijo ha venido de todos los grupos políticos importantes. Incluso Giuseppe Vacca, antiguo miembro del parlamento por el Partido Comunista y actual presidente del Instituto Antonio Gramsci, declaró: «No conozco un símbolo mayor en el mundo que la cruz de Cristo».

El crucifijo, afirmó, va más allá de las fronteras del cristianismo y abraza a toda la humanidad. También forma parte de la identidad cultural italiana y europea, afirmó.

Vacca explicó que la controversia no es sobre la identidad del estado secular o los derechos de las minorías. Más bien, el caso de excluir simplemente un símbolo que roza los elementos más profundos de las tradiciones culturales y nacionales, afirmó.

También observó que en años recientes Juan Pablo II ha conseguido presentar al mundo «una extraordinaria fuente de valores e identidad» para afrontar los actuales problemas. Esto ha conducido a una fuerte relación entre valores, fe y sociedad civil, sostenía Vacca. De esta manera, el estado laico no necesita ya luchar por su independencia de la Iglesia católica, afirmó. Ni se necesita una búsqueda de valores públicos que se separen rígidamente de la contribución que la religión puede hacer en este campo, añadió.

Otros políticos europeos expresaron también su apoyo al crucifijo. El ministro del interior alemán, Otto Schily, que estaba en Roma para un encuentro de la Unión Europea sobre diálogo interreligioso, dijo que la decisión del juez lo había dejado «estupefacto», informó el 31 de octubre el Corriere della Sera. Haciendo notar que Alemania sufrió una disputa similar sobre los crucifijos en las aulas de clase, Schily sostuvo que su presencia es una tradición genuina en Europa que no puede ser eliminada.

Naturalmente, la Iglesia católica también levantó su voz para apoyar los crucifijos. Juan Pablo II habló sobre el tema en la audiencia general del 29 de octubre, y lo volvió a tocar en un discurso a los ministros de interior de la Unión Europea, dos días después.

En su discurso a los ministros de la Unión Europea, el Papa observó que el diálogo interreligioso e intercultural «no excluye un reconocimiento adecuado, incluso legislativo, de las tradiciones religiosas específicas en las que cada pueblo está enraizado y con las que con frecuencia se identifica de manera especial». Este reconocimiento se extiende a los símbolos religiosos, añadía. La cohesión social y la paz no se logran retirando la religiosidad característica de una cultura, afirmaba el Santo Padre. Al menos sobre este tema el mundo religioso y secular están de acuerdo.