La primera santa libanesa, esperanza para su pueblo

Declaraciones del patriarca de Antioquía de los Maronitas

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BKERKÉ, 7 junio 2001 (ZENIT.org-Fides).- El modelo de la primera santa libanesa constituye un motivo único de aliento para los cristianos de ese país, que atraviesan desde hace décadas momentos sumamente difíciles, ha reconocido el cardenal Nasrallah Pierre Sfeir, 81 años, patriarca de Antioquía de los Maronitas.



Rébecca Pierrette Ar-Rayès (1832-1914), virgen y monja de la Orden libanesa de San Antonio de los Maronitas, será canonizada junto a otros cuatro beatos por Juan Pablo II este domingo, 10 de junio, en la plaza de San Pedro del Vaticano. Conocida como la «flor de Himlaya», el pequeño pueblo montañoso libanés en el que nació, ofreció a Dios su salud en medio de agudos sufrimientos físicos durante más de treinta años.

«La vida de Rafqa (así se le conoce en el Líbano) refleja la de su comunidad maronita --explica el patriarca en declaraciones a la agencia misionera Fides--. Es la santa del sufrimiento y del dolor». En particular les ayudará a «descubrir del valor salvífico del sufrimiento compartido con Cristo por parte de una frágil criatura».

«Rafqa sufrió muchas tribulaciones durante su vida, como su implicación en las masacres del Chouf en 1860, y padeció varias veces el tormento del éxodo forzado de una región a otra --concluye el cardenal Sfeir--. Se trata de experiencias que los libaneses han vivido en los últimos años, lo que les impulsa a encontrar en la santidad de Rafqa un estímulo para superar con confianza sus difíciles condiciones de vida».