La publicidad, ¿al servicio de la dignidad humana?

Monseñor Foley subraya los beneficios de una comunicación correcta

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MONTECARLO, 13 diciembre 2002 (ZENIT.org).- La comunicación y la publicidad no pueden reducirse a meros instrumentos de orientación y persuasión, sino que deben apoyarse en una base ética para la difusión de mensajes moralmente correctos, considera el hombre de Juan Pablo II para las comunicaciones sociales.



Así lo afirmó este martes en la Cumbre Mundial de Montecarlo (Mónaco) sobre «La responsabilidad social corporativa, la dignidad y los derechos humanos» el arzobispo John Patrick Foley, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.

Monseñor Foley recordó que el organismo vaticano que preside había publicado en los últimos años varios documentos sobre la ética en la publicidad, en las comunicaciones y en Internet.

En ellos se ponen de relieve «tres principios fundamentales que valen para todo tipo de comunicación: la búsqueda de la verdad, el respeto a la dignidad humana y la supremacía del bien común sobre el subjetivo», explicó el arzobispo.

«La propia historia de la Iglesia --añadió-- nos testimonia con la evangelización la extraordinaria eficacia de una comunicación fundada en la verdad», informa igualmente Radio Vaticana .

«Una verdad violada --advirtió el prelado-- puede contribuir a la difusión del cinismo, un mal perjudicial para cualquier ámbito», en particular para las sociedades democráticas.

Asimismo, «la dignidad de la persona humana puede ser enaltecida o dañada por la publicidad y en realidad por todos los medios de comunicación», constató el presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.

«¿Con cuánta frecuencia --preguntó-- vemos anuncios en los que se trata a los individuos --especialmente a las mujeres-- como objetos, y a menudo como objetos sexuales?»

«¿Con cuánta frecuencia percibimos que la publicidad no busca contribuir positivamente al bienestar de los individuos, sino que persigue obtener un mayor beneficio? Los individuos llegan a ser vistos como cifras y no como seres humanos a los que hay que servir», afirmó.

Según monseñor Foley, «una propaganda responsable y una comunicación correcta pueden tener beneficios en ámbitos no sólo económicos, sino también políticos, culturales y religiosos».

«La persona y la comunidad humana --dijo-- son el fin y quienes evalúan el uso de los medios de comunicación. Para lograr el desarrollo integral de las personas, la comunicación debe ser interpersonal».

El desarrollo integral exige, aseguró, «considerar la “dimensión interior”, una dimensión que es al menos moral, si no religiosa y espiritual».

«Los individuos tienen una dignidad irreducible y una importancia y no pueden ser sacrificados por intereses colectivos», observó el prelado.