La publicidad, un «poder» que debe respetar la dignidad de la persona

Advierte el presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales

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BRUSELAS, 28 octubre 2003 (ZENIT.org).- Un llamamiento a respetar la dignidad de la persona humana y a perseguir el bien común lanzó este martes el arzobispo John Patrick Foley en Bruselas, donde intervino en el 50º aniversario de la Federación Mundial de Publicistas.



«Un buen hombre es el mejor anuncio» es el título del discurso en el que el presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales reconoció la aportación positiva de los publicistas al progreso económico, social e incluso moral.

Sin embargo, la publicidad va más allá de los hábitos de consumo y «afecta profundamente la moral y los valores de la sociedad», por ello el prelado advirtió la necesidad de subrayar algunos principios ante estos profesionales de la comunicación.

«Ser es mejor que tener», constató en primer lugar recordando «que la dignidad que Dios nos ha dado depende del primero de los enunciados antes que del segundo», según cita Vatican Information Service.

Por ello exhortó a los publicistas a «no humillar nunca a los pobres, ni siquiera de forma no deliberada».

«Resaltad la calidad, la eficacia, incluso la limpieza y el buen aspecto, pero por favor no sugiráis que por poseer algo una persona es mejor que otra», insistió.

«El segundo principio es: “Toda persona merece respeto” –continuó monseñor Foley--. Todos nos quejaríamos si, como empleados, nos tratasen como factores de producción en lugar de como personas».

De este modo, «podemos quejarnos si en la publicidad los protagonistas son descritos como objetos y no como seres humanos y si nosotros, el público, somos tratados como números a los que llegar en vez de como personas a las que hay que comunicar un mensaje importante».

«El tercer principio de la ética en la comunicación –subrayó el arzobispo Foley-- es el bien común».

De ahí se desprende también que la «preocupación creciente en las sociedades democráticas sea el aspecto ético de las campañas políticas» cuando, por ejemplo, «el precio de la publicidad hace que la participación sea accesible sólo a los candidatos o grupos ricos, obstruyendo así el proceso democrático».

«Espero que os deis cuenta de vuestro poder –concluyó su intervención ante los publicistas-- y que sigáis utilizándolo con responsabilidad, como ya hacéis muchos de vosotros».