La relación entre fundamentalismo religioso y terrorismo

Habla el historiador y teólogo Joan-Andreu Rocha

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ROMA, jueves, 14 julio 2005 (ZENIT.org).- Encontrar la relación entre fundamentalismo religioso y terrorismo se ha convertido en una de las prioridades de la policía y de la política de los diferentes países tras los atentados del 7 de julio en Londres, últimos de una dramática serie.



En esta entrevista concedida a Zenit, Joan-Andreu Rocha Scarpetta, profesor y director del Master en Iglesia, Ecumenismo y Religiones del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum» de Roma, enmarca los contornos de esta relación.

«El fundamentalismo islámico tiene diversas corrientes, y entre estas algunas son terroristas», ahora bien, aclara, «no todo terrorismo es fundamentalismo religioso, ni todo fundamentalismo religioso es terrorista».

--Corrientes muy minoritarias del Islam promueven la violencia. ¿Son representativas?

--Rocha: Los grupos fundamentalistas islámicos de matriz terrorista son muchos, y tienen su origen en la realidad concreta de diversos países musulmanes. Desde los años noventa, con Al Qaeda, la situación empeora, pues diversos grupos se alían con esta «multinacional» del fundamentalismo islámico que busca alianzas con los grupos de todo el mundo, y promueve células en los focos musulmanes europeos, creando una especie de federalismo terrorista difícil de localizar.

Es el caso del «Group of Al Qaeda of Jihad Organization in Europe», que se encuentra detrás de los atentados de Londres. Además del precio en vidas humanas, este grupo ha demostrado que el ideal británico de la integración cultural manteniendo una fuerte identidad de origen no funciona a la perfección.

De hecho algunos grupos indo-paquistaníes de Inglaterra son los menos integrados en el sistema, y se han mostrado como potencial fuente de células terroristas islámicas. Esta fuerte entidad no asimilada es un cultivo de potenciales fundamentalistas, que buscan imponer por la fuerza los ideales de un Islam deformado.

--Los fundamentalismos religiosos, ¿son religión mezclada de política o política mezclada de religión?

--Rocha: Toda religión conlleva, en un modo u otro, un cambio social, precisamente porque aspira a la justicia o a la compasión. Por esto todas las religiones tienen una consecuencia política que no es negativa. Al contrario.

La falacia del laicismo contemporáneo es precisamente querer reducir las religiones a una cuestión puramente personal, negando su trascendencia social. Pero no es fácil llevar a término un cambio social. Este cambio de la sociedad algunos la propugnan forzándola --con actos terroristas-- porque no ven otra solución.

Los fundamentalismos religiosos superan la tensión entre cambio social e ideal religioso con respuestas extremas que tienen claras consecuencias políticas: o cerrándose en sí mismos (como el caso de los Haredim judíos), o buscando monopolizar la sociedad (como el fundamentalismo hinduista), o buscando de imponer la propia manera de ver las cosas de manera violenta. Este último es el camino del fundamentalismo islámico de matriz terrorista, que es muy minoritario, pero muy radical.

Por lo tanto la cuestión no es si la política se mezcla o no con la religión, sino de qué manera se resuelve la tensión entre el ideal religioso y la acción política.

--¿Estos ataques mortales son fruto del fundamentalismo religioso o del terrorismo puro?

--Rocha: En el caso del reciente ataque terrorista de Londres (como el del año pasado en Madrid) se trata de una acción terrorista justificada por un fundamentalismo religioso beligerante, que pretende condicionar la sociedad imponiendo las propias ideas con el temor.

En una religión (no solo en el Islam) el fundamentalismo se manifiesta como una tendencia que, queriéndose representativa de la verdad religiosa, toma una parte de la doctrina como si fuera su totalidad. Es decir: la desfigura al servicio de la propia ideología.

El fundamentalismo islámico tiene diversas corrientes, y entre estas algunas son terroristas. Hay que recordar que no todo terrorismo es fundamentalismo religioso, ni todo fundamentalismo religioso es terrorista.

--¿Quién o qué puede acabar con los fundamentalismos religiosos?

--Rocha: Con frecuencia olvidamos que cada religión comprende un notable pluralismo interno, sea en las diversas tradiciones surgidas a lo largo de la historia (por ejemplo el cristianismo, con las tradiciones católica, protestante, ortodoxa, etc.), o en las diversas tendencias dentro de una misma tradición (tendencia conservadora, liberal, etc.).

Los grupos fundamentalistas se encuentran en este segundo tipo de pluralidad al límite de la ruptura con el resto del grupo.

En el caso del fundamentalismo islámico se da tanto entre suníes que entre chiíes, pero en cada grupo toma características particulares. El largo camino para apagar los fundamentalismos religiosos, y en concreto el islámico, comienza por el diálogo al interno de la propia religión, que es el diálogo seguramente más difícil. Pero que sea difícil no significa que no sea necesario.

Las demás religiones pueden ayudar superando los prejuicios sobre el otro o favoreciendo las tendencias más tolerantes, pero el diálogo interno corresponde al Islam mismo. Y en este sentido pienso que hay todavía mucho camino por recorrer.

--La Iglesia católica, empezando por el Papa y pasando por los fieles de centenares de países, pide a los terroristas que se detengan, en nombre de Dios. ¿Estas personas que matan sin piedad atienden a razones?

--Rocha: Difícilmente un fundamentalista, religioso o no, hace caso a las razones de los demás, pero esto no significa que tengamos que callar. La psicología del fundamentalista, ampliamente estudiada, muestra precisamente una fijación de las propias ideas como única verdad válida. Normalmente son ideas simples pero radicales que justifican la manera en que los grupos fundamentalistas ven el mundo, dividiéndolo entre «los nuestros» (buenos) y «los demás» (malos).

La Iglesia tiene que hacer escuchar su voz en bien de la paz y en contra de la violencia, en nombre de Dios. Sólo Dios sabe a quien perdona, y su juicio y misericordia nos superan. Pero a la humanidad, y en concreto a los cristianos, se nos pide no callar ante el escándalo de la violencia en nombre de Dios.