La religión es una fuerza vital para la paz en tiempos de globalización, recuerda el Vaticano

Intervención del arzobispo Celestino Migliore ante la Naciones Unidas

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NUEVA YORK, lunes, 30 octubre 2006 (ZENIT.org).- En tiempos de globalización, en los que la discriminación religiosa gana terreno en algunos países, la Santa Sede ha recordado en las Naciones Unidas que la religión constituye una fuerza vital para la paz y el entendimiento entre los pueblos.



Así lo explicó el 27 de octubre el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, ante la comisión de la asamblea general que afrontaba el argumento: «Promoción y protección de los derechos humanos».

«En nuestro mundo cambiante, la religión es más que una cuestión interna de pensamiento y conciencia --advirtió el representante del Papa--. Tiene la capacidad de unirnos como hermanos y de la familia humana».

Según el prelado, «no podemos pasar por alto el papel que desempeña la religión para alimentar al hambriento, para vestir al desnudo, para curar a los enfermos y visitar a los encarcelados».

«Tampoco debería desestimarse su fuerza, especialmente en medio del conflicto y la división, para orientar nuestros pensamientos hacia la paz, para permitir que los enemigos puedan hablarse, para unir las manos en amistad de los que no se conocen, y para que las naciones busquen juntas la paz», afirmó.

Por eso, aseguró, «la religión es una fuerza vital para el bien, para la armonía y para la paz entre los pueblos, en especial en tiempos atormentados».

En su intervención el prelado recordó que se celebra el vigésimo quinto aniversario de la adopción de la Declaración para la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación basadas en la religión o las creencias.

En este contexto, confesó, «mi delegación está seriamente preocupada por el hecho de que la libertad de religión o de creencia no existe para individuos y comunidades, especialmente entre las minorías religiosas, en muchas partes del mundo».

«También nos preocupa por el elevado nivel de intolerancia religiosa en algunos países que está llevando a un nivel alarmante de tensión y discriminación».

«Tenemos la grave tarea de trabajar juntos para cambiar el curso de esta tendencia», reconoció.