La responsabilidad social empresarial debe estar centrada en la persona

Declaración del X Congreso Latinoamericano de Uniapac

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GUAYAQUIL, jueves 6 octubre 2011 (ZENIT.org).- Líderes empresariales de doce países, pertenecientes a UNIAPAC, se reunieron en Guayaquil, Ecuador, para el X Congreso Latinoamericano “Empresario Latinoamericano, Generador de Rentabilidad Económica y Social”.

Los líderes empresariales de la Unión Internacional Cristiana de Líderes de Empresas (UNIAPAC), de doce países de América: Argentina, Bolivia Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela; de Europa: Bélgica y Francia, suscribieron una declaración, con fecha de 29 de septiembre, animados por el deseo de desarrollar su actividad empresarial en la fe cristiana.

“Los diferentes niveles de desarrollo económico y social de nuestros pueblos en América Latina marcan, por una parte, la necesidad de una ética que anteponga el bien común y el respeto integral de la persona humana a los intereses particulares. Por otra, la necesidad de políticas sociales y económicas que permitan lograr el crecimiento del hombre y su sociedad”, afirma la declaración.

Los empresarios cristianos ven con preocupación “las graves desviaciones del sistema económico de libre empresa” así como que “en algunos países de Latinoamérica se están destruyendo economías y empresas que se construyeron a lo largo de generaciones y se está volviendo a modelos que claramente demostraron el siglo pasado su ineficacia, empobreciendo a muchos países”. Por ello, afirman, “es necesario apoyar a la libre empresa, entendiendo por esto el derecho a la libre iniciativa y a la libre concurrencia, respetando la dignidad de todo ser humano y los derechos que de ella emanan, buscando un auténtico desarrollo”.

La resolución en gran parte de estos problemas o cuestiones se puede lograr, señalan los reunidos en Guayaquil, “con la puesta en práctica de una economía al servicio del hombre, que sea respetuosa de las necesidades de las personas y su desarrollo individual”. “La generación de riqueza económica –añaden- debe ser al mismo tiempo generadora de riqueza social”.

Las empresas de América Latina, señalan, “deben sortear los vaivenes producidos por estos ambientes y por la falta de responsabilidad y compromiso de algunos de los dirigentes empresariales” ya que esto “ha dificultado la realización de algunos de sus objetivos centrales, como la generación de empleos y la participación en la sociedad”.

América Latina, subrayan, “tiene una responsabilidad importante en el mundo empresarial y social debido a su participación en la generación de productos básicos necesarios en otras regiones  del planeta”.

Según estos directivos, “el empresario, idealista pero pragmático, debe ser el conductor de esta misión donde la rentabilidad y eficiencia productiva sean coherentes y vinculadas al desarrollo de las personas, que directa o indirectamente están relacionadas con la empresa. Empresa constituida por personas para personas”. Por ello, la orientación principal debe ser una implementación de una estrategia empresarial nutrida por la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) , “focalizada en la persona”.

“La solidaridad es, ante todo, ser todos responsables de todos –afirman--. La subsidiariedad y el bien común son parte del desarrollo económico que se completan con los conceptos del  don y la gratuidad mencionados en la encíclica Caritas in Veritate. Esto se logra mediante una participación activa a  través de una ética económica hecha vida que genere el desarrollo económico e individual de las personas. Los empresarios y todas las organizaciones de la sociedad debemos ser partícipes de este proceso”.

Las discusiones y las experiencias prácticas empresariales vertidas en este encuentro  demuestran que el camino hacia la definición y puesta en práctica del nuevo rol a desempeñar por los dirigentes de empresa es posible, dicen, “a través de un proceso ordenado, que enriquezca la operación empresarial, es decir logrando resultados económicos que permitan una distribución racional de la riqueza generada y que sean fundamento de la sustentabilidad empresarial futura”.

Invitan a los empresarios, gobiernos, sindicatos y  sociedades “a crear un clima de confianza, de desarrollo sustentable, mediante el fortalecimiento de las instituciones, la total transparencia en los actos de gobierno, el mantenimiento del estado de derecho, un firme comportamiento ético y el permanente impulso de culturas de participación, de responsabilidad social y de compromiso ciudadano”.

“La coherencia –concluyen- en el ejercicio de los principios del pensamiento social cristiano es una guía de inspiración para que empresarios, investigadores y otros agentes económicos encontremos motivos de esperanza para desarrollar caminos concretos de una economía puesta al servicio del bien común y así construir un mundo mejor, a partir de la centralidad en las personas”.

Para más información: www.uniapacla.org.

Por Nieves San Martín