“La riqueza natural de América Latina sufre hoy una explotación irracional”

Mensaje episcopal de República Dominicana para el Día Mundial de la Tierra

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SANTO DOMINGO, miércoles 28 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Con motivo del Día Mundial de la Tierra, celebrado este jueves, la Comisión Episcopal para la Ecología y el Medio Ambiente de la República Dominicana hizo público un mensaje titulado “El Bien Común”.

Recuerda el mensaje que Dios entregó al hombre “como patrimonio común la tierra y cuanto en ella se contenía”. “Es herencia que recibimos, que debemos administrar y distribuir con justicia y equidad, pero sobretodo, que debemos transferir a los que nos sucedan, no deteriorada, sino, por el contrario, mejorada”, subraya el mensaje remitido a ZENIT por Jovanny Kranwinkel, secretaria ejecutiva de la Comisión.

El mensaje --firmado por el presidente de la Comisión, monseñor Fabio A. Mamerto Rivas, SDB, y la secretaria ejecutiva--, invita a enseñar a los hijos a preservar “su casa”,  “nuestra casa la Tierra”.

Recuerda que “todos somos colaboradores de Dios, metafóricamente “secretarios de Estado del Creador”, ministros de su bondad y su poder, al darnos la capacidad de prepararnos para entender los problemas y plantear soluciones”.

Constata que “la riqueza natural de América Latina y el Caribe experimentan hoy una explotación irracional que va dejando una estela de dilapidación, e incluso de muerte, por toda nuestra región. En todo ese proceso tiene una enorme responsabilidad el  actual modelo económico, que privilegia el desmedido afán de la riqueza por encima de la vida de las personas, de los pueblos y del respeto racional a la naturaleza”. Y se pregunta si los dominicanos son conscientes de esto.

El mensaje destaca tres elementos en el cuidado de la tierra y “que nos guían para evaluar si nuestras acciones colaboran con la correcta administración del bien común”.

En primer lugar, “respeto a la persona. El bien común existe si hay respeto a los demás; cualquier acción humana que atente contra el respeto a los integrantes de la comunidad, no colabora con el justo desarrollo nacional”.

En segundo lugar, “bienestar social y desarrollo del grupo. Los ingresos generados por la explotación de recursos no renovables deben invertirse de tal manera que los mismos también se conviertan en soluciones permanentes para la pobreza extrema y que produzcan riquezas para las generaciones venideras que ya no tendrán el beneficio de la explotación de ese bien común”.

En tercer lugar, “la paz. Señal de estabilidad, la gente quiere vivir en tranquilidad. En esto influye la seguridad de tener un orden justo, hombres y mujeres probos que no se vendan por dinero, con conciencia clara y que utilicen los conocimientos para impartir una verdadera justicia amparada en la Constitución, las leyes, los acuerdos internacionales, la ética y la moral”.

De estos principios establecidos se derivan una serie de criterios para la reflexión, por lo que hacen un llamamiento “a gobernantes, legisladores, académicos, empresarios, organizaciones sociales, comunidades cristianas y a todo nuestro pueblo”, sobre una serie de directrices de acción que quieren plantear”.

Llaman la atención en algunos casos puntuales de explotación de recursos naturales mineros que les “preocupan y que afectan el bien común”.

Sobre los mismos, la Comisión Episcopal se plantea una serie de interrogantes y afirma “que el proceso debió tratarse con más rigurosidad”.

Afirma que la Comisión tiene otros interrogantes si respuesta como por ejemplo si la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales realizará  la  vigilancia,  monitoreo  e inspección  que  considere  necesarias, según establece la legislación, y si, sobre la base de los resultados de las inspecciones, dictará  las  medidas  necesarias  para corregir las irregularidades  encontradas,  notificándolas  al interesado  y  otorgándole  un plazo  prudente  para  su  regularización.

Aconseja “fortalecer la Dirección General de Minería la que con un bajo presupuesto y con poco personal tiene que administrar grandes proyectos”.

Ante las próximas elecciones congresuales y municipales, hace un llamamiento al país “para que los votantes miren bien a quienes están eligiendo como sus representantes y para que tomen conciencia sobre las propuestas que hacen los candidatos actuales” sdobre estos temas.

Cita al Papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in Veritate: “la Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire, como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo” (nº 51). “En nuestra tierra hay lugar para todos: en ella toda la familia humana debe encontrar los recursos necesarios para vivir dignamente, con la ayuda de la naturaleza misma, don de Dios a sus hijos, con el tesón del propio trabajo y de la propia inventiva” (nº 50).

Ofrecen su oración “para que nuestra nación crezca en valores y aptitudes que nos permitan dejar a nuestros hijos un planeta Tierra más limpio y organizado, manteniendo intacta una vida cada vez más humana”.

Y concluyen recordando: “Dios siempre perdona, el hombre a veces perdona, la naturaleza nunca perdona”.

Por Nieves San Martín