La Santa Sede alienta al G8 a cumplir sus compromisos con el desarrollo

A través de una intervención de monseñor Mamberti en la Asamblea General de la ONU

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NUEVA YORK, jueves 29 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- La Santa Sede alentó al grupo de  ocho países de gran peso político, económico y militar conocido como G8 a cumplir los compromisos que han tomado en los últimos años de ayuda al desarrollo.

Lo hizo a través del discurso que monseñor Dominique Mamberti, secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados, pronunció este martes en la 66ª sesión de la Asamblea General de la ONU (ver www.zenit.org/article-40531?l=spanish).

“La Santa Sede alienta en este sentido el refuerzo de la ayuda pública al desarrollo, en conformidad con los compromisos asumidos en Gleneagles”, afirmó el arzobispo.

En esta ciudad escocesa, los países del G8 se comprometieron en 2005 a aumentar su ayuda a África en 25.000 millones de dólares, pero esa promesa no se ha cumplido.

“Mi delegación tiene la esperanza de que las discusiones sobre este tema, con motivo del próximo diálogo de alto nivel sobre la “Financiación del desarrollo”, traigan los resultados esperados”, afirmó monseñor Mamberti.

El representante de la Santa Sede indicó que las actividades económicas y comerciales orientadas hacia el desarrollo, “deberían ser capaces de hacer disminuir efectivamente la pobreza y de aliviar los sufrimientos de los más desprotegidos”.

También reiteró en nombre de la Santa Sede “la importancia de una nueva y profunda reflexión sobre el sentido de la economía y sus objetivos, así como una revisión clarividente de la arquitectura financiera y comercial global para corregir los problemas de funcionamiento y las distorsiones”.

“Esta revisión de las reglas económicas internacionales debe integrarse en el marco de la elaboración de un nuevo modelo global de desarrollo”, afirmó.

“En realidad, lo exige el estado de salud ecológico del planeta, y lo requiere sobre todo la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son evidentes por doquier desde hace tiempo”, añadió.

El representante de la Santa Sede auspició que esa reflexión inspire también las sesiones de trabajo de la Conferencia de la ONU sobre el desarrollo sostenible (Río+20), del mes de junio próximo.

“Familia de naciones”

En su intervención, monseñor Mamberti señaló la importancia de que el ser humano sea el centro de las preocupaciones por el desarrollo sostenible, que además se oriente por la conciencia de ser una “familia de naciones”.

Comparó la comunidad internacional a una familia, que “evoca inmediatamente algo más que relaciones simplemente funcionales o simples convergencias de intereses”.

“Una familia es por su misma naturaleza una comunidad fundada en la interdependencia, en la confianza y ayuda mutua, en el respeto sincero”, dijo.

“Su pleno desarrollo no se basa en la supremacía del más fuerte, sino en la atención al más débil y marginado, y su responsabilidad se amplía a las generaciones futuras”, declaró.

Ante la prolongación de la crisis

Ante la prolongación de la crisis económica y financiera mundial, monseñor Mamberti destacó el “déficit ético en las estructuras económicas” como “elemento fundamental de la crisis actual”.

“La dimensión ética es fundamental para afrontar los problemas económicos”, reiteró. Sin ella, advirtió, economía y política se convierten en “una ilusión ingenua o cínica, siempre fatal”.

El prelado destacó que “cada decisión económica tiene una consecuencia moral” y señaló la necesidad de “una ética centrada en la persona y capaz de ofrecer perspectivas a las nuevas generaciones”.

Comercio de armas

Monseñor Mamberti se refirió también a la Conferencia de la ONU para analizar el Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA), prevista para el año 2012.

En este sentido, destacó que “un comercio de armas que no esté regulado ni sea transparente tiene importantes repercusiones negativas”.

Y afirmó que “la comunidad internacional debe preocuparse por alcanzar un Tratado para el Comercio de Armas que sea efectivo y aplicable, consciente del gran número de personas que están afectadas por el comercio ilegal de armas y municiones, así como de sus sufrimientos”.

Respeto a la persona

Dirigiéndose al presidente de la Asamblea, le recordó que “su contribución a la edificación de un mundo más respetuoso de la dignidad humana demostrará la capacidad efectiva de la ONU para cumplir con su misión”.

Monseñor Mamberti también expresó la preocupación de la Santa Sede por “los acontecimientos que tienen lugar en algunos países de África del Norte y de Oriente Medio”.

En este sentido, afirmó: “Quisiera renovar aquí el llamamiento del Santo Padre Benedicto XVI para que todos los ciudadanos, en particular los jóvenes, hagan todo lo posible para promover el bien común y para edificar sociedades en las que se venza la pobreza y en las que toda opción política se inspire en el respeto de la persona humana”. 

En su discurso, monseñor Mamberti también abordó otras cuestiones de importancia, como la necesidad de decisiones valientes para superar el conflicto palestino, la importancia de defender la libertad religiosa y el verdadero sentido de una intervención militar.