La Santa Sede aplaude en la reforma de la ONU una seguridad que mire las causas del conflicto

Intervención el arzobispo Celestino Migliore en la 59ª Asamblea General

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NUEVA YORK, martes, 15 febrero 2005 (ZENIT.org).- Especial interés ha mostrado la delegación de la Santa Sede en los posibles cambios estructurales en la ONU que unan de una forma «más funcional el desarrollo y la seguridad», pues no sólo atañe a la «relación entre conflicto y pobreza», sino también a las «causas del terrorismo», entre otros aspectos.



Así se expresó el observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Celestino Migliore, al intervenir el pasado 31 de enero en una reunión informal de la plenaria del organismo para intercambiar puntos de vista sobre las recomendaciones contenidas en el informe del Grupo de Alto Nivel sobre Amenazas, Desafíos y Cambio.

«Las sugerencias implican claramente el perfeccionamiento y la adaptación de la estructura y métodos de trabajo de esta organización», expresó el prelado en su intervención, difundida por la Sala de Prensa de la Santa Sede.

«Mi delegación toma la palabra movida por las esperanzas que la Santa Sede ha puesto en estos últimos años en el papel fundamental del derecho internacional para promover la coexistencia pacífica y el bienestar de los pueblos del mundo, y en el papel de las Naciones Unidas como su garante y su fuerza motriz», expresó.

El Informe, que para monseñor Migliore debe ser considerado como «completo y programático, orientado a tener un gran impacto a largo plazo», sugiere «un ejercicio de reestructuración interna que involucra al Consejo de Seguridad y a la Asamblea General, a la valoración de la función del Secretariado como principal interlocutor y a la reforma del Consejo Económico y Social mediante una óptica nueva, que una de un modo más funcional el desarrollo y la seguridad».

«Mi delegación --dijo-- considera este último tema particularmente interesante, porque atañe no solamente a la relación entre conflicto y pobreza sino también a las causas del terrorismo, a la promoción de los derechos sociales y a la lucha contra la pobreza y el desempleo como medidas preventivas».

El concepto de seguridad contenido en el Informe, subrayó el arzobispo Migliore, coincide además en muchos aspectos con los puntos de vista de la Santa Sede en la materia, pues aquél promueve «conceptos de previsión y de prevención y no sólo los de protección e intervención».

La delegación vaticana se mostró por lo tanto satisfecha de unirse al apoyo de una discusión más profunda sobre la creación de una Comisión para la Construcción de la Paz, como propone el Informe.

Al final, el nuncio aludió al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas sobre el derecho a la propia defensa, que el Grupo de Alto Nivel se declara a favor de mantenerlo intacto.

«Al respecto –dijo el arzobispo Migliore-- mi delegación quiere reafirmar que la legítima defensa debe poner un acento especial en las personas y en su seguridad. Todo estado tiene la responsabilidad de defender a sus ciudadanos, pero cuando no puede o no quiere hacerlo, la comunidad internacional debe asumir esa responsabilidad».

«Muchas veces, durante los recientes conflictos, la Santa Sede ha tenido la ocasión de repetir esta convicción cuando se ha hablado de la “intervención humanitaria” como de una especie de legítima defensa y cuando esa intervención se ha presentado como una obligación de la comunidad internacional para garantizar la supervivencia de los individuos y de las comunidades frente a la acción o inacción de un estado o un grupo de estados», añadió.

«Mi delegación –concluyó el arzobispo Migliore— cree en el hecho de que la adecuada reforma de estas instituciones investirá a las Naciones Unidas de la necesaria autoridad, credibilidad y legitimidad para actuar de modo más firme por la paz y el bienestar de todos».