La Santa Sede aprueba las Normas de obispos de EEUU sobre abusos de menores

Garantizan los derechos inviolables de víctimas y acusados

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CIUDAD DEL VATICANO, 16 diciembre 2002 (ZENIT.org).- La Santa Sede anunció este lunes la publicación del decreto de «reconocimiento» por el que se aprueba las normas que los obispos de Estados Unidos han escrito y revisado para afrontar las supuestas denuncias de abusos cometidos por clérigos.



El anuncio se hizo a través de la publicación de una carta dirigida por el cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los Obispos, a monseñor Wilton Daniel Gregory, presidente de la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos.

Las «Normas esenciales para las políticas diocesanas/eparquiales relativas a las acusaciones de abuso sexual de menores por parte de sacerdotes o diáconos» fueron aprobadas el 13 de noviembre por 246 votos a favor y 7 en contra en la asamblea plenaria de la Conferencia episcopal celebrada en Washington.

Como explica implícitamente el cardenal Re en su misiva, esta segunda redacción, propuesta por una comisión mixta de cuatro representantes de la Santa Sede y cuatro obispos estadounidenses, supera los problemas que presentaban las normas que habían sido aprobadas en un primer momento en la asamblea episcopal de junio celebrada en Dallas.

«Las "Normas esenciales" en su formulación presente --subraya-- buscan dar protección efectiva a los menores y establecer un procedimiento riguroso y preciso de castigo justo a aquellos que son culpables de estas ofensas abominables, pues como el Santo Padre dijo "no hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para aquellos que hieren a los jóvenes"».

«Mientras se asegura que la verdad de los hechos se apure, las Normas aprobadas protegen derechos humanos que son inviolables --entre ellos el derecho de defenderse a sí mismo-- y garantizan el respeto por la dignidad de todos los afectados, comenzando por las víctimas», explica la carta del cardenal Re, que lleva por fecha el 8 de diciembre.

«Además --aclara el purpurado italiano--, reafirman el principio, fundamental en todos los sistemas jurídicos, de que una persona es considerada inocente hasta que por medio de un regular proceso o por su admisión espontánea, se demuestre su culpabilidad».

Las normas aprobadas en un primer momento en junio, según declararon expertos en Derecho Canónico, dejaban en duda principios fundamentales del derecho, como la presunción de inocencia de los acusados.

Según explica el decreto de «reconocimiento», publicado también este lunes en latín por la Sala de Prensa del Vaticano con la fecha del 8 de diciembre, los obispos de Estados Unidos establecieron que después de dos años de aplicación, se examinarían de nuevo las normas. Por este motivo, el «reconocimiento» vaticano tiene valor por dos años.

La carta del prefecto de la Congregación para los Obispos confiesa «aprecio sincero y renovado por la preocupación y la resolución pastorales con que los obispos de Estados Unidos han hecho frente a la tremenda situación provocada por tan aberrantes delitos».

«La ley universal de la Iglesia, ha considerado siempre este delito una de las ofensas más graves que los ministros sagrados pueden cometer y ha establecido que se castigue con las penas más severas, sin excluir --si el caso lo requiere-- la destitución del estado clerical (cf. Canon 1395 § 2)», aclara.

«Además --recuerda--, el Santo Padre, en el año 2001 había establecido ya que el delito debía incluirse entre los delitos más graves ("graviora delicta") de los clérigos, para subrayar la aversión de la Santa Sede ante esta traición de la confianza depositada válidamente por los fieles en los ministros de Cristo y para garantizar que los culpables recibieran el castigo adecuado. Por otra parte, concedió a la Congregación para la Doctrina de la Fe una competencia especial en esta materia, aplicable a toda la Iglesia, estableciendo un procedimiento particular a seguir».

El pururado asegura que «la Santa Sede se une espiritualmente a las víctimas de los abusos y a sus familias y solicita de los obispos, sacerdotes y de la entera comunidad católica un interés especial por ellos».

La prueba de esta «cercanía», explica es precisamente la aprobación de las «Normas Esenciales» que «en su formulación actual están pensadas para dar protección eficaz a los menores y para establecer un procedimiento riguroso y preciso que castigue de modo justo a los culpables de ofensas tan abominables».

Re considera que esta difícil prueba ha servido para reforzar «la verdadera comunión eclesial entre la Conferencia Episcopal y la Sede Apostólica», por lo que invita a «pedir seriamente a Dios que de la presente crisis emerja, como el Santo Padre ha señalado: "un sacerdocio más santo, un episcopado más santo y una Iglesia más santa"».