La Santa Sede auspicia un mundo en el que puedan vivir los niños

Intervención del observador vaticano ante la ONU

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NUEVA YORK/ROMA, martes, 18 diciembre 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha pedido ante las Naciones Unidas un mundo en el que los niños puedan ser niños.

El arzobispo Celestino Migliore, observador del Vaticano ante la ONU intervino en la sesión de la Asamblea General, en Nueva York, el 13 de diciembre para analizar los progresos en el «compromiso de crear un mundo adecuado para los niños», aprobado en la sesión especial dedicada a la infancia por la ONU en 2002.

«La Convención de Derechos de la Infancia sigue siendo el estándar en la defensa de los derechos de los niños», observó el arzobispo, recordando el texto aprobado en la Asamblea General de 1989, que incluye principios fundamentales, como los derechos antes y después del nacimiento, la familia como ambiente natural para el crecimiento y la educación, así como el derecho del niño a la mejor atención sanitaria y educación posibles.

La sesión especial de 2002 también afirmó que la familia es unidad fundamental de la sociedad y lugar idóneo en el que los niños «adquieran conocimiento, cultiven las buenas cualidades y desarrollen actitudes positivas para llegar a ser ciudadanos responsables», observó el prelado

Es por tanto, añadió, «interés de todos motivar a los padres para que asuman una responsabilidad personal en la educación de los niños y reforzar la familia».

El arzobispo recordó que la Iglesia católica, convencida de que la educación es la base del desarrollo del niño, mantiene actualmente más de 250.000 escuelas en todos los continentes, con 42 millones de estudiantes y tres millones y medio de profesores.

«Para ayudar a cada niño a ejercer su propio derecho a la instrucción, muchas de estas escuelas están en algunas de las zonas más difíciles --donde en caso contrario los niños permanecerían completamente descuidados--, como aldeas remotas, ciudades del interior en desventaja, zonas en conflicto o campos de refugiados».

«Reconociendo que la pobreza crónica sigue siendo el mayor obstáculo para responder a las necesidades de los niños, ayudar a los que trabajan a través de la instrucción es fundamental para lograr que puedan romper el ciclo de extrema pobreza y llegar a ser conscientes de su valor y de su dignidad», indicó.

Por este motivo, considera necesario «encontrar modos para ofrecerles una instrucción y prácticas básicas gratuitas, e integrarles en el sistema educativo formal de todos los modos posibles».

El compromiso de la Santa Sede a favor de los niños, añadió el observador permanente, se refleja también en la gran cantidad de actividades que sostiene en el sector sanitario.

La defensa de los niños y de sus familias del impacto del vih/sida, por parte de la Iglesia, queda patente «en los miles de instituciones empeñadas en la asistencia y en la educación de los huérfanos, en las campañas de prevención y concienciación, en la distribución de fármacos antirretrovirales, en la asistencia sanitaria y en la alimentación de base, en la prevención de la transmisión viral madre-hijo, en la lucha contra la estigmatización y en el hacer que la gente que vive con vih/sida sea protagonista en la batalla contra la epidemia».

Aún teniendo especialmente presente el flagelo del vih/sida, el prelado invita a no olvidar que las políticas sanitarias deben hacer frente también a «enfermedades mortales más comunes, como la malaria y la tuberculosis».

Un desafío «todavía más importante», denunció, es «la falta de acceso de los niños y las madres a la asistencia sanitaria básica y a los servicios higiénicos», que son «una de las necesidades humanas fundamentales más descuidadas».

Los esfuerzos internacionales en este campo, declaró el arzobispo, han sido poco enérgicos, y los niños son «las primeras víctimas de esta situación inaceptable».

«Esta negligencia o falta de atención a la asistencia sanitaria básica sale muy cara --denunció--, dado que la prevención médica es a menudo uno de los modos más eficaces y exitosos para mejorar la salud y la estabilidad de la sociedad».

Frente a esta situación, concluyó el arzobispo Migliore, la delegación vaticana espera que los compromisos renovados o asumidos en esta Asamblea Plenaria de la ONU «no sean meras declaraciones de buenas intenciones u objetivos a los que aspirar, sino empeños a sostener para que pueda llegar a ser realidad un mundo en el que puedan vivir los niños».

 

Por Roberta Sciamplicotti, traducido del italiano por Nieves San Martín