La Santa Sede considera los Objetivos de Desarrollo del Milenio como un «deber de justicia»

«Los pobres no pueden esperar», recuerda el cardenal Sodano en la ONU

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NUEVA YORK, domingo, 18 septiembre 2005 (ZENIT.org).- La Santa Sede aseguró que la consecución, e incluso la superación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio asumidos por los Estados miembros de las Naciones Unidas constituyen un «deber de justicia», pues «los pobres no pueden esperar».



Así lo explicó el 16 de septiembre el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, al intervenir ante la mayor concentración de jefes de Estados y de gobierno de la historia convocada por las Naciones Unidas con motivo de los sesenta años de su existencia.

Estos objetivos incluyen la disminución a la mitad del hambre y la pobreza extrema para el 2015 y pugnan por un mundo más seguro en el que se respeten los derechos humanos.

«La consecución e incluso la superación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio sigue siendo un deber de justicia al servicio de la dignidad humana y, al mismo tiempo, una condición indispensable para la paz y para la seguridad colectiva, incluida la eliminación o reducción sustancial del peligro del terrorismo y de la criminalidad internacional», afirmó el cardenal.

Si bien la mano derecha de Benedicto XVI en la guía de la Santa Sede aplaudió las iniciativas que en los últimos años han lanzado algunos gobiernos para financiar el desarrollo, así como los compromisos asumidos en la última cumbre de los siete países más desarrollados y Rusia (G-8) en Escocia, reconoció que «queda mucho que hacer para lograr una movilización económica y financiera solidaria».

«Esta no puede dejar de tener en cuenta la solución del problema de la deuda de los Países más pobres y también de aquellos países de renta media con graves dificultades de endeudamiento externo, fomentando de nuevo la ayuda pública al desarrollo (ODA, "Official Development Assistance") y una generosa apertura de los mercados en favor de los países pobres», afirmó.

«Ciertamente, esta actuación de los países desarrollados debe ir acompañada de una nueva asunción de responsabilidades por parte de los gobiernos de los países en vías de desarrollo, que tienen el deber de combatir la corrupción, garantizar la legalidad y sobre todo de comprometerse en los aspectos sociales del desarrollo, como la educación, la seguridad en el empleo y la asistencia sanitaria básica para todos», aseguró.

En nombre de la Santa Sede, el cardenal Sodano renovó «todo su apoyo a los objetivos de esta Cumbre» y garantizó su esfuerzo «para que produzca rápidamente los frutos esperados y pueda surgir pronto una era de paz y de justicia social».

El discurso del cardenal Sodano, pronunciado en francés, concluyó con la frase en español «Los pobres no pueden esperar», que Juan Pablo II lanzó en su viaje apostólico a Chile de 1987 y, que como el mismo purpurado afirmó mantiene toda su actualidad.