La Santa Sede denuncia una nueva carrera de armamentos nucleares

Exige en la ONU cumplir con el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares

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NUEVA YORK, martes, 5 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha denunciado que en estos momentos tiene lugar una nueva carrera de armamentos nucleares y ha exigido la aplicación del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP).

Portavoz de la posición vaticana fue el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, al intervenir este martes ante un Comité de preparación de la Conferencia de Revisión de ese Tratado que la ONU celebrará en 2010.

Después de cuatro décadas de vida "y de buenos servicios a la comunidad internacional", aclaró el nuncio apostólico, "el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares sigue siendo la piedra angular del desarme nuclear y de la no proliferación de regímenes nucleares, así como un instrumento clave para fortalecer la paz y la seguridad internacional".

"La Santa Sede reafirma su firme y continuo apoyo al Tratado y hace un llamamiento a una adhesión universal y completa, así como al cumplimiento del mismo".

El representante papal denunció que "por desgracia constatamos hoy que en el mundo hay todavía más de 26.000 cabezas nucleares y que algunas naciones siguen compitiendo por unirse al 'club nuclear'", algo que se opone frontalmente a la letra y el espíritu del Tratado.

"A la luz de su validez e importancia, el Tratado constituye un urgente llamamiento a todos los Estados a unir sus esfuerzos para alcanzar un mundo limpio de armas nucleares", aseguró.

La Santa Sede pidió medidas "para promover confianza, transparencia, y cooperación entre naciones y regiones". Y, en este sentido, constató, "las zonas libres de armas nucleares siguen siendo el mejor ejemplo de esta confianza, y afirman que la paz y la seguridad son posibles sin poseer armas nucleares".

Por este motivo, la Santa Sede hizo en la ONU un llamamiento a los Estados que cuentan con armas nucleares "a asumir un valiente liderazgo y responsabilidad política salvaguardando la integridad del Tratado y creando un clima de confianza, transparencia y auténtica cooperación con el objetivo de realizar concretamente una cultura de la vida la paz".

"En un esfuerzo por poner prioridades y jerarquías de valores en su justo lugar, hay que realizar un mayor esfuerzo común para movilizar los recursos hacia un desarrollo ético, cultural y económico de manera que la humanidad pueda dar la espalda a la carrera de armamentos", concluyó.