La Santa Sede ilustra el equilibrio entre libertad de expresión y tolerancia religiosa

Declaración en la Conferencia de la OSCE celebrada en Kazjastán

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ALMATY, martes, 13 junio 2006 (ZENIT.org).- Declaración del arzobispo Józef Wesolowski, nuncio apostólico, jefe de la delegación de la Santa Sede, en la Conferencia promovida por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) sobre aplicación de la tolerancia cuyo tema ha sido: «Promover el entendimiento intercultural, interreligioso e interétnico», celebrada en Almaty (Kazajstán) del 12 al 13 de junio.



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Señor moderador:

La delegación de la Santa Sede desea expresar su felicitación al gobierno de Kazajstán por el compromiso con el que ha organizado este encuentro junto con la presidencia belga.

La variada composición étnica, cultural, y religiosa de los estados participantes hace de esta organización un laboratorio de colaboración interreligiosa e interétnica, efectiva y duradera. Firmemente convencida de estas posibilidades, mi delegación confía también en que este país emblemático, en el que conviven muchas nacionales y grupos étnicos, pueda inspirar a la OSCE a emprender nuevos y efectivos pasos en la batalla por el diálogo y el entendimiento mutuo.

1. En este sentido, me gustaría subrayar ante todo que no puede darse colaboración entre culturas, religiones, y etnias con ignorancia mutua. Crear una colaboración exige diálogo. De todos modos, el diálogo no es más que el primer paso, que debería llevar a identificar un «fundamento» común y sólido sobre el cual construir una colaboración duradera. ¿Qué es lo que podría constituir este «fundamento» común?

Es necesario que este fundamento común consista en respetar y apreciar las diferentes culturas y religiones. Por el contrario, con demasiada frecuencia, hoy día las religiones son manipuladas o incluso malentendidas como parte del problema, cuando en realidad son y deberían ser consideradas como parte de la solución a los problemas que se dan entre diferentes culturas y civilizaciones. Desde esta perspectiva, es importante observar que el diálogo interreligioso no será capaz de promover un mayor respeto y unidad en la vida política civil y social, si el papel público de la religión no es debidamente reconocido. Si la religión es relegada únicamente a la esfera de la vida privada, entonces se niega su capacidad para tener un positivo impacto en la sociedad. De hecho, los prolongados esfuerzos de la OSCE a favor de la libertad religiosa proceden de la conciencia de que esta libertad caracteriza a una de las dimensiones más básicas de la persona humana y naturalmente va más allá de la esfera privada.

2. Para que el diálogo interreligioso e intercultural pueda ayudar a afrontar los prejuicios en la vida política y civil, el sistema educativo y los medios de comunicación deben evitar los estereotipos, las distorsiones, las actitudes de intolerancia y la frecuente ridiculización de la religión y de la cultura.

En este sentido, a la delegación de la Santa Sede le gustaría subrayar cómo estas actitudes desviadas contra la religión y la cultura (ya sean sutiles o descaradas) siempre son deplorables. Es también importante observar que hoy, por desgracia, se da poca conciencia o reconocimiento del creciente prejuicio y en ocasiones hostilidad contra los cristianos y su religión. Esta realidad amenaza también a las otras religiones y todas quedan en peligro cuando una de ellas es víctima del estereotipo o el prejuicio.

Señor moderador:

3. La composición demográfica de la OSCE, su amplia misión, y las actividades de sus instituciones y tareas en las diferentes áreas, da a esta organización una capacidad privilegiada para afrontar desafíos comunes. Uno, en particular, afecta a la libertad de expresión y a la manera en que una absoluta interpretación de la misma puede legitimar expresiones civiles y políticas que no respetan los legítimos límites u otros valores, como el derecho a no ser ofendido. Esas manifestaciones pueden crear o agudizar tensiones étnicas, culturales o religiosas, pues, como ya ha mostrado la experiencia, golpean lo más querido para la gente.

Si en nombre de una incorrecta interpretación de la libertad de expresión, los estados miembros permitieran que fueran ofendidos los sentimientos religiosos de individuos o de comunidades enteras, esos mismos estados no sólo serían incapaces de contribuir efectivamente al diálogo entre diferentes religiones, culturas, y grupos étnicos, sino que además correrían el riesgo de sembrar prejuicios. Este diálogo debe basarse en el conocimiento y en el respeto. En el actual contexto sociopolítico, la OSCE y sus instituciones son capaces de mostrar cómo la garantía de la libertad de expresión es un derecho fundamental en las democracias pluralistas, pero que también debe ejercerse con responsabilidad, respetando las convicciones y las prácticas de todos los creyentes, así como de los símbolos que caracterizan a sus religiones. El respeto y la protección de los derechos fundamentales de libertad de expresión y de libertad de religión debería ser garantizado, promoviendo un delicado equilibrio y salvaguardando el ejercicio de ambos.

Gracias, señor moderador.

[Traducción del original inglés realizada por Zenit]