La Santa Sede lanza una «coalición global» a favor del «trabajo digno»

En sus dos dimensiones, tanto en «cantidad» como en «calidad»

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GINEBRA, 14 junio 2001 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha propuesto a la comunidad internacional establecer «una coalición global a favor del "trabajo digno"».



La iniciativa, que ya había sido ilustrada el año pasado por Juan Pablo II durante el Jubileo de los trabajadores, fue planteada oficialmente por el arzobispo Diarmuid Martin, observador permanente ante la Sede de las Naciones Unidas de Ginebra, al intervenir ante la sesión número 89 de la Conferencia Internacional del Trabajo, que tuvo lugar del 5 al 12 de junio en la ciudad suiza.

El concepto de «trabajo digno», según explicó monseñor Martin, quien hasta hace pocos meses era secretario del Consejo Pontificio «Justicia y Paz», «hace hincapié en los aspectos cualitativos del trabajo y en sus profundas conexiones con la dignidad humana».

Este concepto se basa ante todo en una constatación decisiva, añadió: «Hoy día nos damos cuenta más que nunca que el principal recurso de producción no es sólo el capital, sino la persona humana y su conocimiento, capacidades y creatividad para la innovación y la organización».

De hecho, constató, «una sociedad en la que el derecho al trabajo es sistemáticamente negado, en la que las políticas económicas no permiten a los trabajadores acceder a niveles satisfactorios de empleo, no puede justificarse desde el punto de vista ético, y no puede alcanzar la paz social»

Ahora bien, aclaró, el «trabajo digno» no sólo implica la «cantidad de trabajo», que incluye el acceso al trabajo para todos, sino también la «calidad de trabajo».

Por tanto, esta coalición a favor del «trabajo digno» que la Santa Sede propuso a la comunidad internacional implica los siguientes elementos.

Ante todo, «la eliminación del trabajo forzado y obligatorio, así como las peores formas del trabajo infantil».

En este aspecto, el embajador del Papa reconoció que en los últimos años la Organización Mundial del Trabajo ha dado pasos decisivos para encontrar un consenso. «Tenemos que asegurar que este consenso ahora se haga universal», propuso.

El reto, en estos momentos, añadió, está en «identificar estrategias comunes que muestren cómo el aumento de la productividad y competitividad no es incompatible con la mejora de la calidad del trabajo, a pesar de que se tenga en cuenta la gran variedad de condiciones locales existentes».

En segundo lugar, según Martin, el «trabajo digno» debe tener en cuenta la relación de los trabajadores con su familia. En concreto, recordó que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, establece en el artículo 23, 3 que el trabajo debe garantizar una existencia digna a la familia de los trabajadores.

En tiempos de globalización, añadió Martin, «tenemos que asegurar que los trabajadores y sus familias no queden expuestos de manera desproporcionada a los efectos de crisis económicas externas».

Esta es, dijo, una de las lecciones que deben dejar las recientes crisis que se han vivido en los últimos años, como por ejemplo, en Asia o América Latina, tras las cuales miles de niños han vuelto a ser utilizados como mano de obra barata.

El tercer elemento decisivo para promover un «trabajo digno», según el representante vaticano, es la educación. Esta coalición por un «trabajo digno», aclaró, debe asistir a las familias «para ver si las aspiraciones de sus hijos en materia de educación son respetadas». De esto depende, en buena parte, la lucha contra la pobreza.

Por este motivo, monseñor Martin exigió que «el concepto de "trabajo digno" sea integrado cada vez más en los programas de desarrollo y reducción de la pobreza».

«¿Hasta que punto favorecen el acceso al trabajo, en sus dos aspectos, cualitativo y cuantitativo estas políticas?». Esta es la pregunta que a partir de ahora, concluyó Martin, debería servir para analizar los programas de lucha contra la pobreza y para hacer realidad esta coalición global a favor del «trabajo digno».