La Santa Sede pide a la ONU una defensa clara de la libertad religiosa

“El grupo religioso más perseguido por su fe son los cristianos”

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NUEVA YORK, miércoles 28 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- El respeto a la libertad religiosa de todas las personas es uno de los tres grandes desafíos, junto el de la gestión de la crisis humanitarias y el de la crisis económica, que debe afrontar hoy la comunidad internacional.

Lo subrayó monseñor Dominique Mamberti, secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados, en su discurso ayer en la 66ª sesión de la Asamblea General de la ONU (ver www.zenit.org/article-40531?l=spanish).

El respeto de la libertad religiosa, dijo el representante vaticano, “es el camino fundamental para la construcción de la paz, el reconocimiento de la dignidad humana y la salvaguarda de los derechos del hombre”.

Sin embargo, advirtió, “las situaciones en las que el derecho a la libertad religiosa es lesionado o negado a los creyentes de las diferentes religiones, son desgraciadamente numerosos”.

“Se observa, ay, un aumento de la intolerancia por motivos religiosos, y desgraciadamente se constata que los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre en mayor número persecuciones a causa de su fe”, lamentó el prelado.

En este sentido, monseñor Mamberti subrayó ante la Asamblea que la falta de respeto de la libertad religiosa “representa una amenaza para la seguridad y la paz e impide la realización de un auténtico desarrollo humano integral”.

Proteger a las minorías

Especialmente, el prelado puso sobre la mesa la situación de las minorías religiosas en algunos países.

“El peso particular de una religión determinada en una nación no debería jamas implicar que los ciudadanos pertenecientes a otras confesiones sean discriminados en la vida social o, peor aún se tolere la violencia contra ellos”, afirmó.

Sobre todo, quiso llamar la atención sobre la persecución que padecen las minorías cristianas, y subrayó que los cristianos “son ciudadanos con el mismo título que los demás, ligados a su patria y fieles a todos sus deberes nacionales”.

“Es normal que puedan gozar de todos los derechos de ciudadanía, de la libertad de conciencia y de culto, de la libertad en el campo de la enseñanza y de la educación y en el uso de los medios de comunicación”, alegó.

Por ello recordó la preocupación de la Santa Sede “para que se adopten medidas eficaces para la protección de las minorías religiosas, allí donde están amenazadas, con el fin de que, por encima de todo, los creyentes de todas las confesiones puedan vivir en seguridad y seguir aportando su contribución a la sociedad de la que son miembros”.

El obispo afirmó la importancia de que el compromiso común de reconocer y de promover la libertad religiosa “sea favorecido por un diálogo interreligioso sincero, promovido y puesto en práctica por los representantes de las diferentes confesiones religiosas y apoyado por los Gobiernos y por las instancias internacionales”.

Secularismo

Por otra parte, indicó, “hay países en los que, aunque se concede gran importancia al pluralismo y a la tolerancia, paradójicamente, se tiende a considerar la religión como un factor extraño a la sociedad moderna” o incluso “considerarlo como desestabilizador, buscando por diversos medios marginarla e impedirle toda influencia en la vida social”.

“¿Cómo puede negarse la contribución de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilización?”, preguntó a la Asamblea.

En este sentido, indicó que “las comunidades cristianas, con sus patrimonios de valores y de principios, han contribuido fuertemente a la toma de conciencia de las personas y de los pueblos respecto a su propia identidad y dignidad, así como a la conquista de las instituciones del Estado de derecho y a la afirmación de los derechos del hombre y de sus correspondientes deberes”.

Por ello, concluyó afirmando la importancia de que “los creyentes, hoy como ayer, se sientan libres de ofrecer su contribución a la promoción de un ordenamiento justo de las realidades humanes, no solamente mediante un compromiso responsable a nivel civil, económico y político, sino también mediante el testimonio de su caridad y de su fe”.

Por Inma Álvarez