La Santa Sede pide ayudar a los ancianos a ser protagonistas

En la Conferencia Ministerial Europea sobre el Envejecimiento

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BERLÍN, 20 septiembre 2002 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha pedido a la Comunidad internacional tomar medidas para que los ancianos, al envejecer, puedan ser protagonistas activos en la vida social.



La propuesta fue presentada por el arzobispo Diarmuid Martin al intervenir en la Conferencia Ministerial Europea sobre el Envejecimiento, que se celebró del 11 al 13 de septiembre en Berlín bajo el patrocinio de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa.

El arzobispo Martin, observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas e Instituciones Especializadas en Ginebra, subrayó en su discurso que «demasiado a menudo en nuestros días la longevidad y el envejecimiento son considerados un problema».

Se trata más bien, afirmó de «dones de Dios que deben ser disfrutados y utilizados con provecho».

A continuación pidió a las instituciones sociales garantizar que exista un marco adecuado para que las personas cuando envejecen puedan seguir siendo protagonistas activos.

«Todavía no nos hemos dado cuenta del amplio alcance de los cambios demográficos que llevará aparejados el aumento de la longevidad en Europa», constató.

«Los cambios en los modelos familiares de muchos países europeos han fomentado el aislamiento de los ancianos» afirmó, explicando que este fenómeno es provocado por las corrientes de filosofía individualistas que habían desembocado en el descenso de los nacimientos y llevado a las familias «a sentirse menos responsables del futuro de la sociedad».

«El dato de una longevidad difusa y creciente exigirá no solamente cambios en las estructuras de nuestras sociedades, sino también en las decisiones personales», recalcó monseñor Martin.

Esta realidad plantea dos desafíos, concluyó.

«Para garantizar que los ancianos sigan siendo autónomos y activos durante el mayor espacio de tiempo posible, habría que dar una importancia especial a las estructuras educacionales», dijo en primer lugar, «que faciliten estímulos intelectuales y hagan frente también a las particulares necesidades espirituales de las personas mayores».

En segundo lugar, concluyó, se necesita ««fomentar una imagen más positiva de los ancianos».

«Debemos concebir a nuestras sociedades como sociedades multigeneracionales, en las que los ancianos no sean marginados. El reconocimiento social no debe estar ligado exclusivamente a la productividad económica. La dignidad inalienable de cada persona no depende de su aparente utilidad», afirmó.