La Santa Sede pide una «conversión ecológica» en la Cumbre de Johannesburgo

El desafío: poner al hombre y a la mujer en el centro del desarrollo

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JOHANNESBURGO, 3 septiembre 2002 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha lanzado un llamamiento a la «conversión ecológica» en la Cumbre del Desarrollo Sostenible que se celebra en Johannesburgo, explicando que ésta requiere poner a la persona humana en el centro de la economía y de la defensa del ambiente.



La propuesta fue lanzada este lunes por el arzobispo Renato R. Martino, jefe de la delegación vaticana en la conferencia convocada por las Naciones Unidas del 26 de agosto al 4 de septiembre en Sudáfrica, al tomar la palabra ante la asamblea.

El prelado, cuya intervención fue distribuida este martes por la Sala de Prensa de la Santa Sede, ratificó el Primer Principio de la declaración de la Conferencia de Río de Janeiro de 1992, celebrada sobre este mismo argumento.

«Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza», decía el documento.

Cuestión de valores
«Colocar a los seres humanos en el centro de las preocupaciones por el ambiente es el medio más seguro de salvaguardar la creación», añadió monseñor Martino, quien aclaró que la Santa Sede no toma posición sobre los debates técnicos que se discuten en la Conferencia, sino sobre los «valores» «que inspiran acciones y decisiones sobre el desarrollo sostenible».

En este sentido, recordó que «el desarrollo es ante todo y sobre todo una cuestión de personas», y reconoció que «las medidas jurídicas, económicas y técnicas no son suficientes para resolver los problemas que plantea el desarrollo sostenible».

«Muchos de estos problemas son cuestiones de carácter ético y moral, que implican un profundo cambio en la civilización moderna de sus típicas características de consumo y producción, especialmente en los países industrializados», añadió.

Ecología humana
«Para lograr este cambio, tenemos que alentar y apoyar la "conversión ecológica"», dijo. «No está sólo en juego una ecología "física", atenta a tutelar el hábitat de los diferentes seres vivientes, sino también una ecología "humana" que haga más digna la existencia de los seres humanos en el ambiente humano».

«Para alcanzar esta ecología humana se requiere educación en responsabilidad ecológica. Esta educación no puede arraigarse en meros sentimientos o en deseos vacíos», dijo.

«Una auténtica educación en la responsabilidad --recalcó el representante papal-- exige una genuina conversión en la manera de pensar y en el comportamiento, promoviendo una auténtica cultura de la vida, que debería ser la base de una nueva cultura del desarrollo sostenible».

Globalización de la solidaridad
Por ello, consideró que la senda del desarrollo auténtico en el nuevo escenario internacional pasa por la «globalización de la solidaridad», exigida por Juan Pablo II.

«El gran desafío moral que afrontan las naciones y la comunidad internacional consiste en armonizar desarrollo con solidaridad --compartir genuinamente los beneficios-- para superar tanto el subdesarrollo deshumanizador como el "sobre-desarrollo" que considera a la persona como mera unidad económica en el sistema de consumo», afirmó.

Esta es la respuesta decisiva, aseguró monseñor Martino, para afrontar la «extrema pobreza» que «es quizá la más extendida y paralizante violación de los derechos humanos en el mundo».

«Los pobres deben ser escuchados en sus problemas y deben ser colocados en el centro de los programas de desarrollo sostenible nacionales e internacionales --pidió--. Las personas que viven en la pobreza deben ser consideradas como sujetos participantes. Individuos y pueblos no pueden ser instrumentos, sino protagonistas de su futuro».

Dos problemas urgentes
En este sentido, la Santa Sede consideró que, entre los problemas más urgentes a los que tiene que responder la Cumbre, se encuentra el de la distribución del agua y el del desarrollo de las zonas rurales.

El agua es un elemento indispensable para la vida de esos dos mil millones y medio de personas que tienen difícil acceso al agua potable, explicó monseñor Martino. Las áreas rurales, donde vive más de la mitad de la población, con graves carencias de servicios básicos, constituyen el desafío que podría llevar a un desarrollo global.