La Santa Sede propone una nueva cooperación con África

Intervención ante la ONU del observador vaticano Migliore

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NUEVA YORK, martes, 23 octubre 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede recordó a la comunidad internacional su responsabilidad en la promoción del desarrollo del continente africano. Lo hizo en palabras del arzobispo Celestino Migliore, su observador permanente antes Naciones Unidas.



Interviniendo el 19 de octubre en Nueva York, en la sesión de la Asamblea General sobre «el desarrollo de África: progresos en la planificación y en el apoyo internacional», el prelado afirmó que «el apoyo de la comunidad internacional sigue siendo decisivo para ayudar a África a responder a los grandes desafíos y a consolidar sus éxitos recientes».

El arzobispo reconoció los «muchos signos positivos en el empeño de los pueblos y de los gobiernos de África por actuar como protagonistas en la promoción de la paz y del propio desarrollo económico y social».

«Los datos que muestran un acelerado crecimiento económico en todo África en los últimos años son especialmente animadores», comentó, subrayando que el índice de crecimiento el año pasado fué el más alto de los últimos treinta años.

El prelado expresó su propio apoyo a la «nueva asociación para el Desarrollo Africano» (NEPAD), en el séptimo año de su existencia.

«Aunque se destine a afrontar los desafíos del continente mediante la más estrecha cooperación entre países africanos, el NEPAD abre y prepara a África para una mayor cooperación internacional», dijo.

Uno de sus objetivos principales es «frenar la marginación de África en el proceso de globalización y valorizar su plena y benéfica integración en la economía global».

«África empezó a cosechar el fruto de una sabia decisión, como el mencionado índice de crecimiento, que en parte se debe a condiciones económicas internacionales favorables».

Estos signos positivos, comentó el observador vaticano, «están en neto contraste con situaciones de conflicto y con la realidad de formas extremas de pobreza difíciles de desarraigar».

África, en efecto, sigue lamentablemente «todavía detrás de la mayor parte de las regiones del mundo».

Frente a esta situación, la Santa Sede desea «renovar su apoyo a un enfoque global de la prevención, la gestión y la resolución de conflictos» en el continente.

A este fin, son necesarios «el generoso apoyo de la comunidad internacional» y «la creciente asunción por parte del continente de su parte de responsabilidad en la prevención de conflictos, en el ‘peacekeeping’ y en el ‘peacebuilding’ postconflicto».

«Para hacer frente a los desafíos del desarrollo sostenible y de la eliminación de la pobreza, África necesitaría una solución global al insostenible fardo de la deuda de algunos países, a un acceso más justo al mercado mundial mediante una equitativa integración en el sistema comercial internacional», «una mejor armonización entre el apoyo internacional y las prioridades del NEPAD, inversiones más consistentes y a largo plazo en el sector público y privado africano, transferencia de tecnologías, mejores sistemas sanitarios y educativos».

«La integración de África en el sistema comercial internacional debería ayudar a construir su capacidad de competir sin reducir la habilidad de salvaguardar a sus ciudadanos de las indeseables consecuencias de los ajustes estructurales y liberalización del comercio».

«La comunidad internacional está llamada a asistir a los países africanos en el desarrollo de políticas que promuevan una cultura de solidaridad, de modo que su desarrollo económico pueda ir parejo con el desarrollo humano integral», declaró.

Por otra parte, «buen gobierno y esfuerzos para la construcción de instituciones, uso correcto de ayudas y medidas anticorrupción son responsabilidades fundamentales para los países receptores y son esenciales para que la ayuda internacional produzca fruto».

«Es urgente una solución equitativa a los desequilibros en el comercio agrícola internacional, así como una aproximación a los subsidios sobre las exportaciones por parte de los países desarrollados que sea consistente y satisfactoria para la agricultura africana», indicó.

Otro sector fundamental, recordado por el arzobispo es el de la instrucción, que «debe estar en la base de los objetivos y las prioridades de la NEPAD no sólo como un objetivo en sí, sino también como medio para alcanzar los otros».

Las asociaciones estratégicas en la educación y en la formación de competencias entre instituciones en África y en el mundo desarrollado «aceleran sin duda el progreso en todos los sectores» y «deberían extenderse al movimiento del trabajo cualificado».

África, en efecto, «sufre una fuga de cerebros, dado que buena parte de su capital humano instruido, capaz y cualificado –sobre todo en el sector sanitario- deja el continente para buscar mejores oportunidades económicas en los países ricos».

Para el observador permanente existe por tanto «el riesgo real de que las inversiones en la instrucción superior africana produzcan cada vez menos retornos a África, aunque beneficiarían a los países en los que hay trabajo para el empleo cualificado africano».

El arzobispo concluyó su intervención recordando la trágica serie de conflictos que devastan al continente africano.

«Las guerras persistentes en África y sus deletéreos efectos en cuanto a desalojados y refugiados, los terribles crímenes de los niños soldado y de la violencia contra las mujeres deberían recordarnos que la paz y la seguridad colectiva no pueden separarse del desarrollo humano».