La Santa Sede relanza la reconciliación con la Fraternidad de San Pío X

Carta del cardenal Castrillón para pedir coherencia en las mutuas relaciones

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CIUDAD DEL VATICANO, 2 junio 2002 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha enviado una carta al superior de la Fraternidad de San Pío X para pedir coherencia en las mutuas relaciones como condición decisiva para alcanzar la deseada reconciliación.



La misiva del cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación vaticana para el Clero, enviada a monseñor Bernard Fellay, superior general del grupo tradicionalista fundado por el arzobispo francés, monseñor Marcel Lefebvre, responde a declaraciones puestas en circulación en Internet u otros medios por representantes de la Fraternidad.

El cardenal es también presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, instituida por Juan Pablo II en 1988 tras el gesto cismático de las ordenaciones episcopales ilegítimas realizadas por monseñor Lefebvre en Ecône (Cf. Motu Proprio del Santo Padre «Ecclesia Dei»).

Primeros contactos
La carta, que lleva por fecha el 5 de abril, comienza haciendo un repaso de las relaciones entre el cardenal Castrillón y los exponentes de la Fraternidad, que comenzaron en agosto del año 2000, durante la peregrinación jubilar a Roma organizada por esta institución.

El cardenal se reunió en esa ocasión de manera espontánea con tres de los obispos de la Fraternidad (además de monseñor Fellay participaron también los monseñores Bernard Tissier de Mallerais y Richard Williamson). El encuentro despertó esperanzas en una rápida solución del conflicto, pues los representantes tradicionalistas no pusieron objeciones de carácter doctrinal.

El 29 de diciembre de 2000 monseñor Fellay y el cardenal Castrillón mantuvieron otro encuentro en el que se llegó a hablar de una posible reconciliación como fruto conclusivo del gran Jubileo del año 2000 (concluiría el 6 de enero de 2001).

Al día siguiente, Juan Pablo II recibió al superior de la Fraternidad de San Pío X en su capilla privada. A continuación, en un nuevo encuentro con monseñor Castrillón, en presencia del secretario personal del Papa, monseñor Fellay aprobó un protocolo de acuerdo con la Santa Sede.

En el protocolo, de tres puntos, expresaba «su voluntad de ser plenamente católico», su reconocimiento de Juan Pablo II como sucesor de Pedro y de querer someterse a su autoridad y, por último, aceptaba el Concilio Vaticano II, «si bien presentando dificultades en algunos puntos».

Fellay declaraba, en estas reservas, que regresando a la comunión plena con la Iglesia católica mantendría su lucha contra el modernismo y la influencia de la masonería; afirmaba que la misa de Pablo VI tiene silencios que abren el camino a la «protestantización»; presentaba objeciones formales al rito de la confirmación; rechazaba el concepto conciliar de «libertad religiosa»; y se oponía a una forma de ecumenismo «que hace perder la idea de la única Iglesia, con el peligro de una mentalidad protestante».

En caso de aprobar este protocolo, el cardinal Castrillón proponía al final del mismo al Santo Padre que se levantara la excomunión a la Fraternidad de San Pío X, que la Fraternidad fuera reconocida como una Sociedad de Vida Apostólica con rito especial, y que entrara en vigor el protocolo que habían firmado el cardenal Ratzinger y monseñor Lefebvre, pero que después fue rechazado por este último, al proceder a la ordenación de obispos.

Días después, monseñor Fellay volvió a reunirse con el cardenal Castrillón para exponer dificultades que podría suscitar ese proceso de reconciliación dentro de la misma Fraternidad. Dado que eran cuestiones doctrinales que no constituían materia de herejía, el encuentro concluyó sugiriendo como posible fecha para la reinserción la Pascua de 2001.

La apertura y el diálogo demostrados por el cardenal, explica en la misiva, no pueden ser interpretados, según han dicho públicamente miembros de la Fraternidad, como «una conversión de la Iglesia de Roma, que ahora debería buscar el “depositum fidei” en el seno de la Fraternidad de San Pío X».

Al constatar el avance de las negociaciones, Juan Pablo II decidió nombrar como miembros de la comisión pontificia «Ecclesia Dei» a los cardenales Joseph Ratzinger, Jorge A. Medina, Louis-Marie Billé y al arzobispo Julián Herranz.

La ruptura
Pocos días después, monseñor Fellay envió al secretario de la Fraternidad a Roma, el padre Sevigny para encontrarse con el cardenal Castrillón, hacer duras críticas al actual rito de la misa, y exigir el alto al proceso de reconciliación si antes no se les levantaba la excomunión y se permitía a todo sacerdote celebrar con rito de san Pío V.

Declaraciones incoherentes
En este contexto, exponentes de la Fraternidad de San Pío X, incluido monseñor Fellay han hecho
declaraciones públicas en las que afirmaban que todo este proceso no era más que una «trampa» o que acusan a la Santa Sede y al Papa de traicionar la fe de la Iglesia.

Según afirmaciones de Fellay, citadas por el cardenal, por ejemplo, «es innegable que las disfunciones en la jerarquía católica...., las lagunas, los silencios, las inducciones, las tolerancias de los errores e incluso de actos activos destructores se encuentran incluso en la Curia y por desgracia en el Vicario de Cristo».

Fellay acusa al Papa, por ejemplo, de promover ciertas formas equivocadas de ecumenismo, lo que tiene, según él, una consecuencia: «Los miles y millones de fieles católicos que decaen en la fe se condenan a causa de estas debilidades de Roma. Esta es nuestra preocupación».

Buena parte de las declaraciones públicas de representantes de la fraternidad atacan al papa criticando la liturgia como es celebrada hoy por la Iglesia católica. «Rechazamos la nueva liturgia pues pone incluso en peligro nuestra fe católica», decía el padre Benoît de Jorna, superior del Seminario de San Pío X en Écône, en una entrevista del 15 mayo 2001.

El cardenal ofrece en su carta una articulada respuesta a la luz de los Santos Padres y de Santo Tomás, en la que muestra cómo estas declaraciones constituyen una contradicción en términos con el reconocimiento de la autoridad del Vicario de Cristo.

El cardenal Castrillón concluye pidiendo un nuevo encuentro con monseñor Fellay y abriendo los brazos de la Santa Sede a la auténtica reconciliación con la Fraternidad, como sucedió el 18 de enero pasado cuando regresó a la comunión plena la Unión de San Juan María Vianney en Campos (Brasil).

Esta institución tradicionalista presente en varios países de América Latina goza ahora del estatuto jurídico de administración apostólica personal.

Se puede leer la carta original en la sección de Documentos de la página web de Zenit («Carta del cardenal Castrillón a monseñor Fellay, superior de la Fraternidad San Pío X»).