La solidaridad, la justicia y la igualdad se convierten hoy en misión

Entrevista a Maite Uribe, directora general de la Institución Teresiana

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ROMA, miércoles 31 octubre 2012 (ZENIT.org).- Luego de haber ofrecido a nuestros lectores desde principio de año, la visión de algunos superiores y superioras generales de congregaciones religiosas sobre los tiempos actuales, continuamos acercando las diversas realidades eclesiales, siempre en clave de Nueva Evangelización.

A partir de esta entrega, publicaremos una nueva serie, pero esta vez serán entrevistas a directores y directoras de asociaciones de fieles e institutos de vida consagrada. ZENIT conversó con Maite Uribe la directora general de la Institución Teresiana, una valiosa iniciativa fundada en 1911 por san Pedro Poveda en España.

Un punto central que podemos rescatar del mensaje del papa es que la nueva evangelización tiene que ayudar a redescubrir la fe, la alegría y la esperanza en la gente. ¿Cómo será el aporte de la Institución Teresiana a este esfuerzo?

--Maite Uribe: La Institución Teresiana por carisma tiene una llamada a una vida espiritual intensa, un vivir la fe desde lo que es nuestra espiritualidad de encarnación, y desde allí dar respuestas, establecer un diálogo entre la fe y las culturas. Creo que toda la llamada de la Nueva Evangelización, de poder descubrir esos nuevos espacios donde se da el diálogo entre la fe y las culturas, para nosotros es un reto importante. También por carisma estamos llamados a aportar a las cuestiones fundamentales de nuestro tiempo, desde una reflexión profunda, desde una preparación intelectual.

Justamente los espacios de ustedes son la cultura y la educación. Desde ahí, ¿cómo responder a las grandes búsquedas del hombre y de la mujer contemporánea, por ejemplo en Europa?

--Maite Uribe: Yo diría que la búsqueda fundamental es la búsqueda de sentido, en una sociedad cada vez más secularizada, de ese profundo sentido de la vida, abierto a la trascendencia. Cuando nos estamos alejando de lo que ha podido ser una vivencia de la fe --quizá con un ropaje cultural propio de un momento--, me parece que estos grandes cambios culturales nos piden buscar nuevos lenguajes, también con los jóvenes de hoy. Hay un gran reto en los jóvenes, que es poder dialogar con la cultura de ellos, hacer creíble la fe; y me parece que otro gran reto es ser testigos, es lo mismo que nos dice el papa. Porque no se trata tanto de predicar, sino de ser testigos de esta fe vivida; entonces creo que una experiencia profunda de fe para nosotras es fundamental, y luego siempre vehicularlo a través de una pedagogía de la fe.

La pedagogía de la fe..., ¿digamos que esta también debe tener una relación con el testimonio del que la ofrece?

--Maite Uribe: Sí, es fundamental, porque creo que los nuevos lenguajes se encuentran cuando uno ha hecho experiencia profunda, y también si se siente parte de la vida de la gente. Nosotros somos uno más entre tantos, vivimos lo cotidiano, estamos inmersos en los mismos problemas, las mismas búsquedas, las mismas dificultades... Por tanto, creo que para dar una respuesta creativa, esta tiene que nacer desde la propia experiencia, del diálogo interior que se da entre la propia fe vivida, el sentido de la propia vida y la realidad que nos circunda.

¿Cómo se puede ser más exigente consigo mismo, en la vida cotidiana del cristiano?

--Maite Uribe: Yo veo un reto grande de ser testigos de lo que es la gran fraternidad humana hoy, que pasa por un camino comunitario, diría comunitario de comunidades de fe viva, donde el otro es un hermano y todos somos hijos de Dios. Allí hay retos muy grandes de solidaridad, de justicia, de igualdad y creo que también eso se convierte en la misión, en el anuncio, el vivir como hijos, como hermanos de todos; por tanto me parece que esto reclama de nosotros una conversión, ¿no? Que podamos establecer relaciones en esta sociedad líquida, que decía Bauman, donde nada es estable nada nos vincula con nada. Nosotros tenemos un gran reto, que es tener vínculos profundos.

¿Qué énfasis debe darse en la educación católica?

--Maite Uribe: A mí me parece que el énfasis es formar personas de una manera integral; es la atención no solo a la transmisión de conocimientos, sino saber que estamos ante seres humanos que se están “haciendo”, y hay que colaborar a la construcción de este ser humano. Esto con una antropología abierta a lo trascendente, sabiendo que esta persona está configurada con un sentido de la vida que no se termina acá. Por lo tanto, ir más allá de lo que nos pueden ofrecer las necesidades de las culturas contemporáneas, donde quizá el mercado es lo que prima... y sin embargo otros valores no están tan presentes; pero eso requiere formar no solo lo intelectual sino el corazón, los valores, la persona íntegramente.

A nivel social, ustedes tienen un trabajo amplio. ¿Le parece que la Iglesia, al esforzarse más por el desarrollo social, puede dar así un mejor testimonio de evangelización, de preocupación por el hombre?

--Maite Uribe: Me parece que sí.La Institucion Teresiana impulsa lo que llamamos ahora mismo, el enfoque socioeducativo. Con propuestas socioeducativas fuertes, en América, en Asia, en Europa, cada una con su propia peculiariedad, pero sabiendo que la educación tiene que llevar a una transformación social desde los valores profundos del evangelio. Si no se da esa transformación social, a lo mejor no estamos acertando con el tipo de educación que se requiere.

Usted ha sido elegida recientemente como directora de la Institución Teresiana... ¿Cuáles serán sus principales líneas de trabajo?

--Maite Uribe: Estamos terminando el primer centenario, iniciando el segundo siglo y volviendo a las raíces más profundas que dieron lugar a nuestro carisma recreándolas en el hoy, dialogando con las culturas de hoy. Y digo culturas, porque pienso en Asia, en América, en África, pienso en Europa, donde verdaderamente sea posible recrear lo irrenunciable de nuestro carisma, que pasa por una espiritualidad de encarnación muy arraigada. Vivir con la cabeza y el corazón en el tiempo presente, como dice Pedro Poveda, muy atentas a las realidades socioculturales, políticas, éticas, desde el entorno e intentando desde el carisma dar respuestas. La institución nació con ese deseo del fundador, de dar respuestas a las cuestiones de su época y siempre admirando la realidad, con esos retos que la realidad trae, que nos pone en movimiento; y a nosotras nos va llevando a buscar dar respuesta a esa red, con otros trabajando en red, con otros convocando a todos los que quieran y eso genera un gran movimiento como Institución Teresiana.

¿Cuál es el desarrollo actual de la institución en el mundo? ¿Dónde están presentes?

--Maite Uribe: Nosotros estamos en treinta países en cuatro continentes, con presencias diferenciadas. Cuando decimos cuántos somos, decimos que somos muchos, porque muchos han recibido el impacto de este carisma, a través de nuestros centros educativos, a través de nuestros proyectos sociales. También tenemos una ONG, que tiene proyectos sociales en todo el mundo, a través de las presencias individuales; y allí muchos quedan tocados por el carisma y entran en contacto con lo que sería el gran movimiento de la Institución.

¿El movimiento tiene otro nombre?

--Maite Uribe: Le llamamos Movimiento Institución Teresiana (MIT). Y en este gran movimiento hay pues llamadas vocacionales como le decía antes. Todas estas personas convocadas viven el carisma de la institución. El MIT participa de la misión de la Institución Teresiana junto con los miembros que forman parte de las Asociaciones ACIT, en las que hay matrimonios, familias, profesionales que se comprometen en asociaciones locales que están esparcidas por los treinta países. Y quienes formamos parte de lo que san Pedro Poveda llamo "núcleo propulsor", de carácter universal y con disponibilidad para vivir el evangelio en plenitud, y sólida preparación para formar a otros e impulsar el conjunto. Núcleo donde están las personas más comprometidas. Este núcleo es de vocación universal, no somos tanto una asociación local que responde a la realidad de cada lugar, sino llamados a una obra universal con una disponibilidad total.

¿Y cuántos son los colegios y otros proyectos que tienen?

--Maite Uribe: Tenemos 19 centros educativos en España, 14 en América, 1 en Filipinas, otro en Irlanda. También tenemos una red de proyectos sociales con bastante consistencia en los países de América, en Asia, África y en Europa. Tenemos obras corporativas en Filipinas, en Asia. Y una presencia más individual en India, con proyectos sociales establecidos, que tienen un rostro como Institución Teresiana. Aquí en Europa, además del colegio en Irlanda, tenemos residencias universitarias, colegios mayores; en Italia, dos residencias universitarias y presencias individuales también. Existe una red de 21 centros universitarios, colegios mayores, residencias universitarias y dos cátedras, dedicadas a Pedro Poveda y Josefa Segovia, en dos universidades en España. También hay presencias profesionales en diversos ámbitos públicos y privados.

Y tienen también algunas integrantes camino a los altares, ¿verdad?

--Maite Uribe: Sí. Tenemos tres mujeres camino a los altares; está Victoria Díez, que es una maestra que dio su vida por la fe en el martirio durante la Guerra Civil Española, y que ha sido ya declarada beata y mártir. Luego está también Josefa Segovia, la primera directora general, que está en proceso y ya es sierva de Dios, camino también de ser beata. La última, Elisa Giambelluca, una italiana que vivió el evangelio radicalmente y en la vida cotidiana de su ser laica y profesora de matemáticas en centros de enseñanza media. Su proceso fue iniciado por iniciativa de su párroco en Isnello y su diócesis de Cefalù, Sicilia. Concluida la fase diocesana, la documentación está en Roma desde enero pasado.

No podemos dejar de pedirle su impresión por la proclamación de un nuevo santo español, Juan de Ávila, como Doctor de la Iglesia Universal... ¿Un inspirador para Pedro Poveda, no?

--Maite Uribe: Pues lo hemos vivido mucho, porque la postuladora general fue Encarnación González, miembro de la Institución Teresiana. Y también porque el santo Juan de Ávila tiene unos rasgos en su propia vida, que conecta mucho con el carisma de la institución: una fe profunda, una inquietud intelectual por su tiempo. Él está muy vinculado también con la formación de los sacerdotes, que era una preocupación en Pedro Poveda y Josefa Segovia, sobre cómo acompañar y cómo ayudar a los sacerdotes. Y luego, me parece que fue un hombre que vivió también en una constelación de santos. Tuvo mucha relación con san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Ávila, que para nosotros es un referente, o Juan de la Cruz, que son ambos místicos de una época histórica, que podría ser reflejo de la época que vivimos hoy; para nosotros es importante.

¿Qué mensaje final podría dejar a nuestros lectores, muchos de ellos identificados con la Institución Teresiana?

--Maite Uribe: Mi mensaje sería que estamos ante un nuevo momento, una situación social y eclesial apasionante. Y me gustaría, en este inicio de mi gestión, poderme sentir Iglesia, colaborando con todos, haciendo con todos este camino de la fe, una fe humilde que busca y que intenta dar respuestas --estableciendo un diálogo con las culturas, las sociedades--, para las grandes preguntas de nuestro tiempo. 

Para saber más: www.institucionteresiana.com