La Stasi de Alemania del Este consideraba a Ratzinger un fiero opositor

Un informe revela cómo espió la policía secreta al futuro Papa

| 1809 hits

ROMA, viernes 16 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- En 1974, un Trabant -un coche viejo de Alemania del Este- traqueteaba a través de los campos de Turingia, una provincia de la comunista República Democrática de Alemania. En el sitio del copiloto se sentaba el profesor Joseph Ratzinger y al volante estaba el padre Joachim Wanke, entonces asistente del seminario local, el único en la RDA. Los dos sacerdotes, escribe Rainer Erice, un periodista de la radio alemana Mitteldeutsche Rundfunk Thüringen (MDR), se encontraban realizando una excursión a las históricas ciudades de Jena y Weimar. Era un momento de relajación durante la breve visita del padre Ratzinger a Alemania del Este, cuyo propósito era dar una serie de ponencias a los estudiantes y teólogos de Erfurt, capital de Turingia.

Lo que le dio importancia a esta visita, sin embargo, es que marcó el comienzo de la vigilancia a la que sometió la “Stasi”, o policía secreta de Alemania del Este, al padre Ratzinger.

Que el profesor Ratzinger fue espiado por los informantes de la Stasi ya se sabía. En 2005, se supo que los agentes de Alemania del Este habían tenido archivos sobre el recientemente elegido Papa. Pero ahora nuevos archivos, descubiertos esta semana por el MDR, añaden más luz sobre cómo consideraba la policía secreta al futuro Pontífice y quién se encargaba de informar sobre él.

Los documentos revelan que en 1974, la Stasi era muy consciente de que el padre Ratzinger tenía futuro en la Iglesia, pero no tenían espías adecuados para seguirle. Todo lo que sabían en ese momento (de un informante no oficial llamado Birke, empleado del obispo de Meissen) era que el profesor Ratzinger había realizado ponencias sobre teología moderna a estudiantes y académicos durante su visita.

Esfuerzos renovados

A medida que el papel del profesor crecía en la Iglesia, la policía de Alemania del Este comenzó a interesarse más por sus actividades e intensificó los esfuerzos, de acuerdo con el informe de Erice. En la época en que monseñor Joseph Ratzinger, arzobispo de Munich visitó Berlín, en 1978, para encontrarse con el cardenal Alfred Bengsch, presidente de la Conferencia Episcopal, la sección de exteriores de la seguridad de Alemania del Este ya había asumido la tarea de espiarle y había asignado a numerosos informante no oficiales en ambas Alemanias.

El servicio secreto de la RDA consideraba al profesor Ratzinger como “conservador, reaccionario y autoritario”, escribe Erice y que Juan Pablo II había señalado al entonces cardenal Ratzinger para que fuese el organizador de “la contrarrevolución en Polonia” Más notas de la Stasi revelan que lo consideraban “uno de los más fieros opositores al comunismo”; creían que apoyaba la disuasión nuclear entre los bloques militares del Este y del Oeste y que consideraba el pacifismo “poco realista”.

Pero Erice añade que, a pesar de “los cientos de páginas” de información sobre Joseph Ratzinger, había “poca información significativa”, y los informes individuales de espionaje extranjero fueron casi “destruidos en su totalidad”. Los documentos descubiertos están relacionados sólo con “la información básica sobre el autor y el motivo por el que fue recogida tal información”.

Sin embargo los documentos revelan detalles interesantes sobre los agentes de la Stasi encargados de informar sobre Joseph Ratzinger. Erice escribe que “al menos había una docena de empleados no oficiales” encargados de esta tarea. En este grupo se incluye a dos profesores universitarios de Alemania del Este considerados por la Stasi como “de confianza”: el agente “Aurora”, un profesor de ateísmo científico en Jena y Warnemünde, mientras que el agente “Lorac” trabajaba de incógnito como profesor de teología en Leipzig. El agente “Georg” estaba en el comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal de Berlín y estaba, aparentemente, muy informado de los asuntos internos de la Iglesia.

En Alemania del Oeste, la red del Stasi incluía a un monje benedictino en Trier conocido con el nombre en clave de “Lichtblick” (rayo de esperanza). Lichtblick espió para la Stasi durante décadas y según Erice, “dio informes extensos y fiables sobre los sucesos en el Vaticano”. Otro agente no oficial conocido como “Antonius” era un periodista de la agencia católica alemana de noticias, KNA, que dio muchísima información sobre el Papa, el cardenal Ratzinger y el Vaticano.

Otro periodista fue contratado en Munich bajo el alias “Chamois”, mientras que un espía especialmente importante fue un político perteneciente al partido Christian Social Union y un antiguo confidente de Franz Josef Straus, que fue líder de dicho partido. El agente era conocido con los nombres en clave de “Lion” y “Trustworthy”. Esta red de información también traspasaba las fronteras de Alemania. En Italia, la Stasi empleó al agente “Bernd” que proveía de información sobre la política de exteriores de la Santa Sede.

Tímido pero encantador

Con todos estos informadores colocados, Erice escribe que la Stasi estaba bien organizada cuando Joseph Ratzinger viajó a Dresde en 1987 para encontrarse con un grupo de católicos. “La Stasi realizó un gran esfuerzo en la vigilancia del encuentro”, dice Erice, esforzándose para que la vigilancia pasase desapercibida sobre todo en el paso de la frontera. “Las fuerzas de seguridad recibieron instrucciones para darle un trato preferente y educado cuando cruzase la frontera”, dicen los informes y que molestias como los registros de equipaje usualmente aplicados a los visitantes occidentales “tenían que omitirse”.

Pero a pesar de sus grandes esfuerzos, Erice dice que la Stasi cometió algunos errores básicos. Escribió mal la ciudad natal del Papa, Merkl en vez de Marktl. Y, a pesar de que lo querían retratar negativamente, no pudieron evitar hacer alguna observación positiva. Además de alabar su gran inteligencia, destacaron: “Aunque puede parecer tímido al principio en una conversación, tiene un encanto que te gana”.

Benedicto XVI no es, por supuesto, el primer Pontífice que ha pasado buena parte de su vida vigilado por agentes secretos. El Beato Juan Pablo II fue espiado por la KGB y la SB (policía secreta polaca). De acuerdo con la investigación publicada por George Weigel en su reciente libro “El final y el comienzo”, dichas agencias comenzaron a interesarse en las actividades de Karol Wojtyla cuando era obispo auxiliar de Cracovia en 1958.

Weigel recuerda que entre 1973 y 1974, las autoridades polacas consideraron arrestar a Karol Wojtyla con la acusación de sedición. La policía secreta lo acechaba en sus viajes en canoa e intentó comprometer a sus colaboradores más cercanos, a menudo entorpeciendo sus operaciones. No sólo el Papa estaba en su punto de mira, también el Vaticano lo estuvo.

“Lo que más me sorprendió fue la magnitud de sus esfuerzos, que exigieron millones de horas de trabajo y billones de dólares” dijo Weigel en una entrevista con el National Catholic Register el año pasado. “También desconocía la cantidad de veces que las agencias de inteligencia del bloque soviético intentaron manipular el Concilio Vaticano II para sus propósitos y lo inconsciente que el Vaticano parecía ser de esto (y continuó siéndolo hasta 1978).

Las revelaciones de esta semana se producen días antes de la visita de estado que Benedicto XVI realizará a Alemania del 22 al 25 de septiembre, que incluye una visita a Erfurt. En esta ciudad será recibido por el actual obispo de la diócesis, su guía en la visita de 1974, Joachim Wanke.

Por Edward Pentin

[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]

* * *

Edward Pentin es un escritor freelance que vive en Roma. Se le puede contactar en: epentin@zenit.org.