La teología de la comunicación en la encíclica «Deus Caritas Est»

Entrevista al teólogo Giuseppe Mazza

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 16 marzo 2006 (ZENIT.org).- Giuseppe Mazza, sacerdote y profesor de Teología de la Comunicación en la Universidad Pontificia Gregoriana considera el tema tratado por Benedicto XVI en su primera encíclcia presenta «un tema fecundo también para las comunicaciones».



En esta entrevista concedida a Zenit, el profesor Mazza destaca las implicaciones contenidas en «Des caritas est», dedicada al amor, desde la perspectiva de la teología de la comunicación.

En su actividad académica y en sus libros, el profesor Mazza ha profundizado en la revelación de Dios como acto de amor.

--Usted es profesor de teología de la comunicación. ¿Cuál ha sido su primera impresión al leer la encíclica?

--Mazza: Una fuerte resonancia interior. El tema tratado por el Papa es sugestivo, actualísimo, incluso provocador. Y lo digo como hombre, antes que como teólogo y comunicador. Por otra parte, no creo que haya una sola persona que no sienta la cuestión del amor como radicalmente «suya».

El amor, el amor que se da y se recibe, está en el centro de cada deseo y expresión auténticamente humana, y por tanto también de las preguntas --implícitas y explícitas-- que hoy se hacen a las grandes religiones. Es un tema fecundo también para las comunicaciones, que encuentran en él una clave interpretativa muy pertinente.

--¿Al decir que «Dios es amor» se entiende que Dios es también comunicación?

--Mazza: Claro. Puede parecer banal subrayarlo, pero es comunicación en cuanto amor y es amor en cuanto comunicación. El amor es «contagioso» por naturaleza: debe expandirse, implicar, incluso trastocar. No puede dejar indiferentes. Dios es amor en este sentido: amor que se comunica, se difunde, se da sin límites, ni reservas.

La posibilidad concreta de comprender su lógica más íntima se nos ofrece precisamente por la exigencia de «globalidad» que caracteriza nuestros días: en un mundo empeñado en comunicar de manera cada vez más totalizadora, el amor de Dios por el hombre se presenta como algo que engloba la realidad universal: «eros» y «ágape», acogida y don, cuerpo y alma convergen, haciendo de la aventura de la vida un continuo impulso hacia la plenitud del abrazo del cielo.

--Benedicto XVI habla del amor cristiano. Cuando se enseña teología hoy, ¿se insiste en el amor como categoría principal?

--Mazza: La teología cristiana no puede prescindir de él, sobre todo porque en Jesucristo ésta contempla el misterio mismo de ese amor que se hizo carne, marcando a fuego sus propias huellas en la historia de la humanidad: el Dios cristiano --nos lo enseñan las Escrituras-- se ha comprometido así en su amor apasionado hasta hacerse vulnerable y quedar por él, paradójicamente, «herido»; es un Dios que derrama sangre por amor.

Se acusa a menudo a la teología de ser estéril, abstracta, desencarnada. Muchas veces es verdad. No se debe sin embargo abandonar el deber de la investigación seria y rigurosa, en nombre de un lánguido sentimentalismo. El auténtico amor cristiano sabe que la más grande caridad es la de la verdad, incluso cuando se sufre en su búsqueda.

--El Papa menciona el Cantar de los Cantares. ¿Qué le sugiere esta referencia poética en la encíclica?

--Mazza: Hablar del amor con el Cantar ofrece grandes recursos. El abrazo de los dos amantes implica ternura y entrega recíprocas, pasión y lágrimas, implica sentimiento y fidelidad en la entrega.

Sobre todo, expresa la inenarrable vitalidad de un misterio --el del amor mismo-- en el que se experimenta un éxodo permanente: un continuo buscarse, para encontrarse y seguir buscándose; una continua fuga hacia la libertad, que es libertad-juntos; una apasionada y encarnada acogida de la identidad en la comunión.

No pienso que haya una sola época de la historia que no sea capaz de comprender este mensaje: el del amor que asume dignidad sobrenatural, por el mismo hecho de haber asumido --en el encuentro de «eros» y «ágape»-- una auténtica dignidad humana.