La tolerancia exige reconocer el papel de la religión, explica la Santa Sede

Al intervenir en la conferencia de la OSCE en Kazajstán

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ALMATY, martes, 13 junio 2006 (ZENIT.org).- No puede haber tolerancia religiosa si no existe un aprecio por el papel tanto privado como público que tiene la religión, ha explicado la Santa Sede al intervenir en la conferencia sobre este argumento promovida por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).



«No puede darse colaboración entre culturas, religiones, y etnias con ignorancia mutua», explicó el arzobispo Józef Wesolowski, nuncio apostólico, jefe de la delegación de la Santa Sede.

El encuentro, celebrado en Almaty (Kazajstán) del 12 al 13 de junio, buscaba «Promover el entendimiento intercultural, interreligioso e interétnico».

«Crear una colaboración exige diálogo --añadió el representante papal--. De todos modos, el diálogo no es más que el primer paso, que debería llevar a identificar un “fundamento” común y sólido sobre el cual construir una colaboración duradera».

Y «¿qué es lo que podría constituir este «fundamento» común?», preguntó a los representantes de 55 Estados que forman parte de la OSCE.

«Es necesario que este fundamento común consista en respetar y apreciar las diferentes culturas y religiones», respondió.

Por el contrario –deploró--, «con demasiada frecuencia hoy día las religiones son manipuladas o incluso malentendidas como parte del problema, cuando en realidad son y deberían ser consideradas como parte de la solución a los problemas que se dan entre diferentes culturas y civilizaciones».

El arzobispo aseguró que «el diálogo interreligioso no será capaz de promover un mayor respeto y unidad en la vida política civil y social, si el papel público de la religión no es debidamente reconocido».

«Si la religión es relegada únicamente a la esfera de la vida privada, entonces se niega su capacidad para tener un positivo impacto en la sociedad», aclaró.

En este sentido, el prelado hizo referencia a los numerosos casos de ridiculización de la religión o de las culturas que se dan particularmente en los medios de comunicación.

En este sentido ilustró la relación entre libertad de expresión y el derecho a no ser ofendido en los sentimientos religiosos, elemento fundamental de la libertad religiosa.

«Si en nombre de una incorrecta interpretación de la libertad de expresión, los estados miembros permitieran que fueran ofendidos los sentimientos religiosos de individuos o de comunidades enteras, esos mismos estados no sólo serían incapaces de contribuir efectivamente al diálogo entre diferentes religiones, culturas, y grupos étnicos, sino que además correrían el riesgo de sembrar prejuicios», advirtió.

«El respeto y la protección de los derechos fundamentales de libertad de expresión y de libertad de religión debería ser garantizado, promoviendo un delicado equilibrio y salvaguardando el ejercicio de ambos», concluyó.