La tolerancia no es indiferentismo, afirma Benedicto XVI

Al recibir al nuevo embajador de Alemania

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CASTEL GANDOLFO, viernes, 29 septiembre 2006 (ZENIT.org).- «La tolerancia y la apertura cultural» siempre deben «caracterizar el encuentro con el otro»; ahora bien, la tolerancia no debe confundirse con «el indiferentismo», afirma Benedicto XVI.



Es el mensaje que dejó este jueves al nuevo embajador de Alemania ante la Santa Sede, Hans-Henning Horstmann, en la ceremonia que tuvo lugar en Castel Gandolfo con motivo de la entrega de las cartas credenciales.

El Santo Padre, citando la constitución del Concilio Vaticano II «Gaudium et spes», subrayó que en el centro de las preocupaciones pastorales de la Iglesia se encuentra el hombre, considerado «en su unidad y en su totalidad, cuerpo y alma, corazón y conciencia, pensamiento y voluntad».

De este modo, dijo, si se ayuda a «salvar al hombre», se edifica también «la sociedad humana».

Ahora bien, alertó, la Iglesia no impone la propia doctrina «pues la fe en Jesucristo, anunciada por la Iglesia, sólo puede vivirse libremente».

«La tolerancia no puede confundirse con el indiferentismo», advirtió. «Toda forma de indiferencia es radicalmente contraria al profundo interés cristiano por el hombre y su salvación. La verdadera tolerancia presupone siempre el respeto del otro, del ser humano, que es criatura de Dios».

La tolerancia que necesita el mundo implica «el respeto de lo que para los demás es sagrado», afirmó el sucesor de Pedro.

Este respeto por lo sagrado, insistió, «presupone que aprendamos nuevamente lo que significa el “temor” de Dios. Este sentido de respeto sólo puede regenerarse en el mundo occidental si crece de nuevo la fe en Dios», dijo, recalcando uno de los mensajes centrales que dejó en su visita apostólica a Baviera.