La Tradición hace presente a Cristo «hasta el fin del mundo», asegura Benedicto XVI

Dedica la audiencia general a «La comunión en el tiempo»

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 26 abril 2006 (ZENIT.org).- La Tradición no es «una colección de cosas muertas», es un «río vivo» que hace presente a Cristo entre los hombres y mujeres a través de los siglos, afirmó Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles.



Ante los cincuenta mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice continuó con la serie de reflexiones sobre la Iglesia para explicar una de las realidades que más han apasionado en su vida a Joseph Ratzinger, la manera en que actúa el Espíritu de Dios en la historia.

El Santo Padre comenzó aclarando que la comunión que une a los creyentes, «a la que llamamos Iglesia», «no se extiende sólo a todos los creyentes de un cierto momento histórico, sino que abraza también a los de todos los tiempos y de todas las generaciones».

Y esta comunión de todos los creyentes de todos los tiempos tiene lugar gracias a la Tradición, aclaró.

«Gracias a la Tradición, garantizada por el ministerio de los apóstoles y de sus sucesores, el agua de la vida surgida del costado de Cristo y su sangre salvadora llega a las mujeres y a los hombres de todos los tiempos», explicó.

La Tradición, siguió aclarando, «es la presencia permanente del Salvador que nos sale al encuentro, nos redime y santifica en el Espíritu a través del ministerio de su Iglesia para gloria del Padre».

«Podemos decir por tanto que la Tradición no es la transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas», dijo el pontífice en una intervención en la que en varias ocasiones dejó a un lado el texto preparado para explicar mejor sus palabras a los peregrinos.

«La Tradición es el río vivo que nos une a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes siempre están presentes. El gran río que nos lleva al puerto de la eternidad», subrayó.

«En este río vivo se realiza siempre de nuevo la palabra del Señor, que hemos escuchado al inicio de los labios del lector: "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo"», concluyó.