La tradición monástica benedictina en auge

La crisis vocacional compensada por las vocaciones contemplativas

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ROMA, 21 mayo 2002 (ZENIT.org-Aica).- Las Congregaciones religiosas tradicionales están viviendo todavía una verdadera crisis de vocaciones, tanto sacerdotales como religiosas. Pero como contrapartida la Iglesia está asistiendo a un gran florecimiento de nuevas vocaciones contemplativas, en particular en la espiritualidad benedictina.



Así lo señala «Vita pastorale» (Vida pastoral), la revista mensual de la Familia Paulina destinada a los párrocos italianos, que en el último número dedica al fenómeno un artículo documentado, en el que se afirma que la mejor respuesta a la «necesidad de una vida religiosa más intensa y profunda» es el acompañamiento espiritual.

«Estamos asistiendo --dice la revista-- a una verdadera explosión monástica de tradición benedictina; podríamos hablar, sin exageración, de una especie de globalización del carisma benedictino. El número de las fundaciones se fue acelerando durante todo el siglo XX, con 116 fundaciones benedictinas sólo en el período comprendido entre 1980 y 2000. Un caso interesante es el de Corea del Sur, donde existe un monasterio con más de 200 monjas olivetanas».

Según el análisis realizado por el artículo, el fenómeno se presenta complejo. Por un lado se verifica «el descenso de las vocaciones tanto sacerdotales como religiosas, que no florecen en un ambiente no espiritual», y por otro, «la explosión de la vida monástica y contemplativa».

Para responder a esta nueva demanda, «Vita Pastorale» sugiere cuatro propuestas: «los ejercicios y retiros espirituales, el apostolado de la oración, las comunidades de vida cristiana, el acompañamiento espiritual por parte de sacerdotes, religiosos y religiosas, pero también de laicos preparados».

De estos cuatro modos, según la revista, «el mejor» es la dirección o acompañamiento espiritual. «Es un apostolado sumamente importante porque sin él no hay vocaciones sacerdotales, en especial las más idóneas para las personas que sufren los efectos de la secularización».

«El florecimiento de la espiritualidad que se observa al comienzo del siglo XXI --concluye el artículo-- induce a tener esperanza en el bien de la Iglesia y del mundo y a nutrir la certeza de que Dios actúa irresistiblemente en los corazones, no obstante los signos y gestos que podrían insinuar desconfianza».