La traición y la enfermedad, «camino de purificación», constata el Papa

Oportunidad para «ponerse más intensamente en manos de Dios»

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 2 junio 2004 (ZENIT.org).- La fe permite transformar la enfermedad, los ataques de los enemigos, y la traición de los amigos en camino de «liberación interior», pues también en esas circunstancia Dios revela su amor, constata Juan Pablo II.



Es la conclusión a la que llegó el pontífice este miércoles en la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro del Vaticano en la que comentó el Salmo 40, oración elevada por un enfermo, citada por el mismo Jesús en la última cena para expresar su profunda tristeza.

La oración es dirigida por «una persona que ciertamente sufre por su enfermedad, pero que sobre todo sufre por la cruel ironía de sus "enemigos" e incluso por la traición de un "amigo"», comenzó explicando el Santo Padre.

«El sufrimiento en sí mismo puede esconder un valor secreto y convertirse en un camino de purificación, de liberación interior, de enriquecimiento del alma», constató.

«Invita a vencer la superficialidad, la vanidad, el egoísmo y el pecado, y a ponerse más intensamente en manos de Dios y de su voluntad salvadora», añadió.

El Salmo 40, indicó el Papa, plantea la experiencia realizada por «muchos pobres humillados, condenados a estar solos y a sentirse un peso para sus mismos familiares. Y si en ocasiones reciben una palabra de consuelo, perciben inmediatamente un tono falso e hipócrita».

«La amargura es profunda cuando quien nos golpea es el "amigo" en quien se confiaba», siguió diciendo el obispo de Roma al meditar en la composición poética bíblica, en la que percibió el eco «de una muchedumbre de personas olvidadas y humilladas en su enfermedad y debilidad, incluso por parte de quienes hubieran debido apoyarlas».

Sin embargo el Salmo no concluye con este «sombrío final». «El orante está convencido de que Dios se asomará a su horizonte, revelando una vez más su amor --aseguró--. Le ofrecerá el apoyo y tomará entre sus brazos al enfermo».

Hablando al final en castellano, Juan Pablo II dejó a los peregrinos de España y América Latina un consejo inspirado en su meditación: «recordad siempre la bienaventuranza prometida a los que atienden a los pobres y cuidan a los enfermos, porque el Señor será su recompensa».

La meditación del Papa continúa con la serie de comentarios a los salmos y cánticos que forman parte de la Liturgia de las Vísperas, la oración de la Iglesia al anochecer. Pueden consultarse en la sección «Audiencia del miércoles» de la página web de Zenit (http://www.zenit.org).